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viernes, 3 de septiembre de 2010

Germán Dehesa, en paz descanse.

Germán Dehesa, en paz descanse.

No existe mayor tributo a un escritor que leer sus obras. Y aquí les presentamos la reproducción de una interesante entrevista que le hace Susana Garduño para Club de Lectores.




Germán Dehesa, con todo y el cansancio que traía a cuestas de un viaje a Coatzacoalcos, Veracruz, tuvo la gentileza de recibir en su estudio a Club de Lectores y nos habló del poder mágico de las palabras y los libros.

El poder mágico de la palabra “Alfalfa”. (Del griego: Alfa = comienzo) Seguramente esa palabra debe tener un poder mágico tremendo, puesto que puede convocar, puede incitar un volver a comenzar algo. Entonces yo se la recomiendo mucho a aquellos amantes que tuvieron alguna ruptura, pero que tienen franca voluntad de volver a comenzar, de tener una segunda oportunidad, que se miren a los ojos y se digan “alfalfa”, y se abracen y verán como todo comienza otra vez.

¿Usted diría que los libros tienen un gran impacto en la vida de las personas?

¡Enorme! No porque haya lecciones inmediatas, ni moralejas; todo eso es muy trivial, es como la epidermis de un libro. La forma es la que siempre acaba pegando, te hace entender que hay un milagro en todo. Porque yo no veo una rosa y digo: ¡Ah, mira! Una rosa divina que en gentil cultura /es con su fragante sutileza/ magisterio purpúreo a la belleza/ enseñanza nevada a la hermosura; yo ya me conformo con saber que es una rosa, pero Sor Juana… la veía y encontraba en ella un amago de la humana arquitectura y simplemente esa música que ella creaba con las palabras, hace darme cuenta de que se puede hacer una flor de puras palabras, es decir, Sor Juana termina, no hablando de la rosa, sino edificando una rosa verbal. Y eso es ¡alucinante! Entonces se puede ir creando una especie de mundo paralelo y entendiendo mejor este mundo. Casi como el lobo de Caperucita, para entenderte mejor … para eso leo, para eso escribo, para mirarte mejor ... Seguramente pasé por la etapa narcisista de la lectura donde uno al leer se está buscando a uno mismo. Es decir, el libro funciona como un espejo y el libro que más nos gusta es el que nos refleja mejor. Leía en la infancia, febrilmente, a Los tres mosqueteros , porque en mis delirios imaginativos pensaba que podría haber sido uno de ellos, que sólo las circunstancias de espacio-tiempo ya no me permitían ser D'Artagnan, Aramis, Porthos o todos juntos. Era para mí un gran espejo.

Hay lectores que mueren en esta etapa narcisista, de “espejito, espejito, dime que soy bello, dime que soy valiente o el más malo de toda la región”. Pero debería haber siempre un momento en que descubres que no hay tal, que más que un espejo, el libro es una ventana. En el momento en que la ventana te es revelada, la lectura se vuelve absolutamente imprescindible. Porque desde ahí tienes el mejor mirador hacia el mundo.

Aprendes a leer, para leer mejor a tu pareja, para leer mejor a tus amigos, para entender mejor a tu país. Para ubicarte de mejor manera en el mundo, hasta donde eso es posible. Tomar conciencia del misterio, no resolverlo, pero por lo menos, adivinar las orillas del misterio o, como proponía Sor Juana, “ Rotular el silencio ”. Esa es nuestra tarea.

Usted es un gran admirador de Sor Juan, ¿verdad? La cita frecuentemente.

Sor Juana, Quevedo, Lope de Vega, Fray Luis de León. Son nuestros poetas. Pero también de pronto Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, el humor implacable de Cortázar y tantos y tantos autores que pasan por tu vida. Hay veces que regresas a tu casa después de una jornada en la Ciudad de México y de veras te sientes Ulises regresando a Itaca. Tratando de recuperar a una Penélope que ya no te reconoce, como ocurre en el libro original. Él se fue 20 años. Tú te vas un día y ya no te reconocen de la friega que te pone un día en esta ciudad. Entonces tienes que darles pruebas de que sí eres tú, como lo hace Ulises.

¡En fin! Los libros atraviesan por mi vida y yo voy circulando entre los coches y los libros y alcanzando la vida y queriendo siempre salirle al encuentro. El mexicano siempre está sentado, a ver qué le trae la vida. Y así nos ha ido. Creo que lo que tenemos que hacer es salirle al paso a la vida, no esperar que llegue, sino encontrarla, agarrarla de buenas y con un libro en la mano, porque el libro te va a permitir descifrarla mejor.

En su libro "¡Qué modos! Usos y costumbres Tenochcas", usted cita como especies en peligro de extinción a: El buen hombre, la buena mujer... ¿En qué condiciones cree que se encuentre el buen lector?

También amenazado. Las formas electrónicas de comunicación, están arrinconando e imponiéndole una aparente obsolescencia a la lectura. Aunque siempre es el impacto de lo nuevo. Creo que el libro tiene con qué resistir. Pero nuestro problema no son los autores, ni los libros. Nuestro problema es hasta cierto punto de librerías, pero ya estamos mejor que hace treinta años. Creo que el problema básico son los lectores, que no creamos lectores. Entonces, ¿para qué más autores, para qué más libros, para qué más esfuerzos por reunir bibliotecas si no hay quien lea, quien se acerque a los libros?

Lo nuestro tiene que consagrarse a la formación de lectores y la única manera de formar al lector es explicándole que leer es la segunda forma de recreo que tiene el ser humano. La primera se cumple entre hombre y mujer y no voy a dar detalles. Pero la otra es la lectura. La conversación con los difuntos / en músicos callados contrapuntos , como decía Quevedo.

¿Cree usted que los libros debieran también evolucionar en alguna manera?

Sí yo creo que ya hay ciertos géneros que se van quedando viejos. Ciertos géneros a los que les hemos concedido demasiada importancia por demasiado tiempo. Pienso sobre todo en la novela, que ya prácticamente ser escritor equivale a ser novelista. Cuando se pueden escribir estupendas crónicas. Juan Villoro, entre nosotros, es un cronista sensacional. Se puede escribir excelentes ensayos y tenemos ensayistas de primera: Federico Reyes Heroles, Silva Herzog Márquez, Lorenzo Meyer. Te puedo dar el nombre de muchos extraordinarios ensayistas.

No es por la vía de la ficción por la única que se accede al conocimiento. Tampoco quiero que desaparezca la novela, sino que atemperemos y nos demos cuenta de que El buen lector siempre terminará leyendo poesía.

Previamente hay que convencerlo de que aquello que nos decían de que leyendo tienes más poder, leyendo aprendes más… en el fondo te están diciendo “y entonces más pronto te convertirás en el Fidel Velázquez de tu grupo y controlarás a todo mundo”. Borrar eso y decirle: “Tú olvídate, tú métete a un libro como quien se mete a una fiesta, si en la página 70 la fiesta no te interesa, no sabes ni de qué se trata, tienes todo el derecho de largarte, no todos nacimos para todos los libros”.

Aunque sean obras maestras, yo, a las 15 páginas de leer a James Joyce dije: “no nací para esto, mi vida es otra”. Y me dediqué a leer otros autores que me decían más y me resultaban más intelegibles.

Tampoco hay que castigar o censurar. Por ejemplo, imponen “lecturas obligatorias”. Eso es terrible. Es como el matrimonio, donde tienes que ser feliz a ‘güevo', no se puede. A veces uno es feliz, a veces uno tiene promontorios de serenidad, y luego de pronto también unas llanuras de depresión, todo eso es el caminar por la vida. Y lo mismo pasa con la lectura. ¿Cómo “lectura obligatoria”? ¡No! Cuando yo fui maestro de literatura en preparatoria, mi táctica era ofrecer por lo menos 100 libros y decirles: Este es breve y trata de esto… este es largo y este… tá-tá-tá. Y no les voy a pedir que me hagan una monografía. Yo voy a venir todas las tardes y quiero que vengan, cualquiera de esas tardes a contarme de algún libro de los que hayan leído. Si leen cinco, están del otro lado, si no leen esos cinco, ni siquiera se presenten a examen. Y si leen 25 tampoco se presenten a examen porque ya están aprobados.

¡Y no sabes qué deleite! ¡Se hacían las colas inmensas de muchachos para irme a contar su experiencia de lector y compartirla! Y que yo les dijera lo que a mí me había dicho el libro. O muchas veces cacharlos en que ni habían leído. Les decía:

–Y, ¿qué pasó, te acuerdas cuando se le viene encima la piedrota a Porthos?

–¡Ah, sí qué momento!

–Y le digo “No hay ninguna piedrota, baboso, vete a leer” ¡Y ya! Pero esa idea de que es una obligación… ¡No, hombre, si es lo más divertido de este mundo leer! ¡Lo más tranquilizante!

Bueno… por ejemplo, tenía la horrible costumbre de leer el domingo por la noche El Proceso (de Kafka) y no dormía, me quedaba con los ojos pelones hasta el lunes. Entonces mejor tengo a San Juan de la Cruz, mejor tengo a Jaime Sabines, mejor tengo a Juan Ramón Jiménez. Hay libros que no hay que leer en la noche, porque de veras, se le meten a uno en los sueños. Si es que llega uno a tener sueños.

¿Qué le aconsejaría a quien quisiera convertirse en escritor?

En escritor… pues que trate de ser un excelente lector. Que no tenga miedo de imitar a alguien a quien le conceda autoridad magisterial. Que es cierto que en literatura, la única manera de superar una influencia, es cediendo a ella y asimilándola a tu estilo. De esa manera, poco a poco podrás ir encontrando tu voz.

Pero si quieres ser escritor, primero pregúntate: “¿tengo algo qué decir? ¿Qué herida traigo?” Y si no traes herida… ¡los que no traen herida no escriben! Todo escritor habla por la herida. De algún modo la vida, la realidad, lo lastimó. Si no, no se proponen la tarea de recomponer esa realidad. Psss… está a toda madre, está muy bien instalado, ¿cuál es el problema?

Pero cuando de pronto te atropella la vida, cuando traes una herida, ¡de muchos tipos! Porque además, ahora todo mundo pensará: “me tiene que abandonar un ser amado” No, no, no, ¡espérate! De muchas maneras la vida te desacomoda y necesitas de las palabras, las “palabras mágicas”, para reacomodarte. Si no tienes esto, ni lo pienses, ni te pongas a escribir. Si no estás dispuesto al gran impudor… porque escribir es encuerarse y si no estás dispuesto a eso…

Me acuerdo que me pasó una vez con una alumna talentosa en un taller de literatura que yo tenía, que llegó con una propuesta para una novela. Y le digo: es una propuesta excelente, pero tú eres una señora y las señoras no cuentan estas historias. Entonces pregúntate: ¿quieres ser escritora o quieres ser señora ? Porque las dos cosas no se pueden. Entonces, si estás dispuesta a la indecencia de encuerarte, nos vemos la semana que entra.

Y llegó la semana siguiente y me dijo “¡Ya! Ya hablé con mi familia, y les dije que voy a perder toda compostura”. Y fue un libro muy bonito que se llama Quién como Dios que ya está traducido como a ocho idiomas. Y le fue muy bien, pero pues Doña Eladia, alias Lali, renunció a ser señora.

Un mensaje a nuestros lectores:

¡Que se pongan a leer! ¡Que lo disfruten! Es un gozo inmenso, es la gran compañía, lo que nunca te falta. En los momentos de soledad, es lo único que te ilumina cuando de pronto ya te apagaron la luz, o ya te la cortaron (la luz). Entonces ahí está la literatura, ahí están los poetas. Y ya desde los poetas empezamos a navegar. Porque los poetas son las cumbres y todos los demás como que escurren desde esas cumbres que son los grandes poetas. Y más México, que en el siglo XX, ¡qué lujo de poetas tuvimos! Pellicer, Novo, Villaurrutia… es una nómina que remata con Octavio Paz y Jaime Sabines y dice uno: De veras, qué sabia es la condición humana que se da cuenta de que en un país donde la palabra va a ser violentamente agredida y prostituida por los medios de comunicación, pero sobre todo, por los políticos, es necesario generar anticuerpos.

Y esos anticuerpos son los poetas, son los que le devuelven su pureza original, los que alivian a las palabras y las vuelven otra vez mágicas. Por eso hay que leerlos, disfrutarlos. Y luego regalarle el poema a alguien que amemos y firmarlo nosotros. De aquí a que se entera ya hasta hijos tuvimos con ella. ¡Que hagan lo que quieran! Pero yo he sido muy feliz leyendo y escribiendo.


Germán Dehesa, "El Chilango Mayor", dramaturgo, columnista y catedrático murió ayer 2 de septiembre del 2010, a las 18:35 horas rodeado por su familia en su casa de la Ciudad de México, víctima de cáncer.

Nació en el DF el 1 de julio de 1944. Estudió becado con los hermanos maristas e ingresó a la UNAM donde cursó estudios de Ingeniería Química y de Letras Hispánicas.



 Editamos, publicamos y vendemos tu libro.





martes, 31 de agosto de 2010

El Origen del Mundo. Premio Bicentenario de Novela.

El Origen del Mundo. Premio Bicentenario de Novela.

‘El origen del mundo', del escritor colombiano Gustavo Arango, resultó ser la obra ganadora del Premio 'B' Bicentenario de Novela 2010.

Organizado por Ediciones B, dicha novela se premiará con la publicación de la misma y será presentada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) , en noviembre próximo, informaron autoridades de esa casa editora.

En rueda de prensa, Tomás Granados Salinas y Mario González Suárez, miembros del jurado, aseguraron que se trata de una obra que tiene un gran potencial, y que cuenta con dos ejes centrales: la admiración por la mujer y por la escritura.

Indicaron que en la convocatoria que se cerró el pasado 15 de junio, se recibieron un total de 51 novelas, de las cuales nueve fueron seleccionados para la etapa final.

La obra cuenta la historia de un profesor de literatura de nombre Magnífico Delgado, quien ofrece un taller de narrativa en una universidad de los Estados Unidos, en verano.

Este taller representa la ocasión para ver a mujeres escribiendo y su gran deleite es observar la reacción de sus alumnas mientras escriben. A partir del planteamiento de la clase, el profesor muestra lo mismo que está escribiendo.

Por separado, González Suárez indicó que la novela ganadora fue una de las que tuvo mayor congruencia y una idea, 'que es sostenida a lo largo de sus páginas'.

'A mi modo de ver tiene una prosa original, momentos en los que hace metáforas e imágenes muy singulares. Es una prosa que se deja vencer por la imagen poética', afirmó.

Al respecto, Granados Salinas refirió que 'El origen del mundo' es una novela que respeta sus propias líneas y las lleva hasta las últimas consecuencias.

'Es un trabajo en el que yo encuentro que tenía el mejor oficio literario; no sólo se cuenta una historia, sino tres más y con mucha solvencia literaria y puntualidad', indicó.

Sobre el resto de los trabajos no ganadores, aseguraron que se trata de novelas históricas, experimentales, con realismo mágico y otras de carácter testimonial o documental.

Por lo que hace el premio, ambos escritores salieron a defender el hecho de que no se otorgue un estímulo económico.

'No será un premio en metal o dinero, sino que el gran logro será las publicación de la obra y alcanzar los mercados que toca Ediciones B', dijo Granados Salinas.

A pesar de ser un premio Bicentenario y reconocer un galardón que no tuvo nada qué ver con ese tema, Carlos Graef, director de Ediciones B, indicó que el premio lleva el título de la casa editora que dirige.

'Lo hicimos porque Ediciones B, se escribe con B de Bicentenario y es colindante con los festejos. Dudamos a la hora de establecer las bases de la celebración del concurso, pero le pusimos Bicentenario por la B de Ediciones de B, sabemos que no es un concurso con los personajes del Bicentenario, sino decidimos que fuera abierta a la novela', dijo.

Anunció que la casa editora a su cargo inicia una nueva etapa al producir 'más y mejores libros' y agregó que 'muy pronto vamos a competir con las grandes'.

Acompañado de la escritora Guadalupe Loaeza adelantó que el próximo año publicaremos más libros mexicanos, pero con distintos autores, ya sean nacionales o extranjeros.

Dicha novela se premiará con la publicación de la misma y será presentada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) en noviembre próximo, informaron autoridades de esa casa editora.



Editamos, publicamos y vendemos tu libro.




IV Caza de Letras de la UNAM

La Coordinación
de Difusión Cultural de la UNAM

a través de la Dirección
de Literatura

convoca al


Cuarto
Virtuality
Literario Caza de Letras


www.cazadeletras.unam.mx

Caza de Letras es
un Concurso-Taller de minificción en línea, internacional,
que será dirigido por tres escritores, que también se desempeñarán
como jurado, durante seis semanas

BASES:


Primera etapa. Registro

Del
lunes 30 de agosto al lunes 13 de septiembre
de 2010


  1. Podrán participar escritores
    en lengua española con un libro de minificciones en proceso.
  2. Los participantes (no ganadores)
    de las anteriores emisiones del Virtuality Literario Caza de
    Letras podrán concursar nuevamente siempre y cuando utilicen seudónimo
    e imagen de identificación (ex libris) diferentes.
  3. No podrán participar escritores
    que tengan parentesco directo ni relación laboral con los organizadores.
  4. El registro de aspirantes
    quedará abierto del lunes 30 de agosto al lunes 13 de septiembre de
    2010 en la página
    www.cazadeletras.unam.mx
  5. Los autores deberán llenar
    una ficha de registro con los datos siguientes:


      1. Seudónimo
      2. Nombre
      3. Nacionalidad
      4. Tipo y número de documento
        oficial de identidad
      5. Dirección
      6. Teléfono(s)
      7. Correo electrónico



  1. El registro también incluirá
    la información siguiente:


      1. Una breve semblanza curricular.
      2. Al menos tres referencias
        biblio-hemerográficas de publicaciones de textos literarios de su autoría
        (libros individuales y/o colectivos, reseñas, ensayos, cuentos, minificciones,
        poemas, artículos en periódicos o revistas, textos incluidos en antologías
        de cualquier género literario; se contarán antologías y revistas
        en internet).
      3. Título y descripción del
        libro de minificciones en proceso.
      4. Un libro de minificciones
        en proceso, inédito*. La extensión mínima debe ser de 50 minificciones,
        cada una de las cuales no debe exceder los 2 600 caracteres con espacios.
        El material deberá entregarse en formato Word (.doc) con tipografía
        Courier de 12 puntos a doble espacio.



*Las minificciones
pueden haber sido publicadas individualmente
en medios impresos o electrónicos pero el libro solicitado debe ser
inédito y no estar inscrito en otro concurso ni en proceso de dictamen
editorial.


Segunda etapa. Selección


Desde el inicio del registro
hasta el miércoles 22 de septiembre de 2010



  1. Un comité dictaminador
    elegirá a los ocho participantes del concurso-taller.
  2. La Dirección de Literatura
    dará a conocer oportunamente los seudónimos de los participantes.
  3. Antes del inicio del concurso,
    los autores seleccionados deberán entregar o enviar a la Dirección
    de Literatura de la UNAM una carta en la que el participante manifieste
    que su libro no está inscrito en otro certamen literario o en dictamen
    editorial, así como copia impresa o digital del documento de identidad
    que haya utilizado para el registro.



Tercera etapa. Desarrollo


Del
martes 5 de octubre al martes 16 de
noviembre de 2010

  1. Los escritores seleccionados
    recibirán una cuenta de blog ligada al portal
    www.cazadeletras.unam.mx, en la cual se identificarán únicamente
    con seudónimo y ex libris.
  2. Cada concursante trabajará
    a través del Blog Taller con los miembros del jurado.
  3. Durante las seis semanas
    del concurso, los participantes deberán publicar los ejercicios solicitados
    por el jurado en su respectivo blog.
  4. Cada participante deberá
    responder en línea, oportuna y públicamente, las dudas y comentarios
    tanto de los miembros del jurado como de los lectores de sus textos
    y ejercicios, sin estar obligados a dar respuesta a ofensas o invectivas.
  5. El desempeño de los participantes
    será evaluado semanalmente con base en una tabla de puntuación que
    reflejará las votaciones del jurado y los lectores.
  6. El jurado estará compuesto
    por tres escritores de trayectoria reconocida.
  7. El jurado tendrá la facultad
    inapelable de eliminar a quien considere pertinente.
  8. El fallo del jurado será
    inapelable.
  9. El ganador recibirá un
    premio único de $ 100 000.00 pesos M.N. y la publicación del libro
    en coedición UNAM/Alfaguara.
  10. Cualquier punto no contemplado
    en la presente convocatoria será resuelto por el jurado y los organizadores.





"POR MI RAZA HABLARÁ
EL ESPíRITU"

Ciudad Universitaria,
a 30 de agosto de 2010

Editamos, publicamos y vendemos tu libro. Visítanos: http://editorialatreyo.yolasite.com

sábado, 10 de julio de 2010

Fallece Juan Hernández Luna, escritor de novela negra.


Fallece Juan Hernández Luna,
escritor de novela negra.

De 47 años de edad, fallece este jueves 8 de julio, de paro cardiorrespiratorio en el Hospital General de la ciudad de México, donde fuese internado por una enfermedad renal.
Nacido en 1962, se inicia escribiendo en la ciudad de Puebla principalmente como narrador. Hizo estudios de teatro y escribió poesía, pero se inclinó a trabajar más la narrativa policiaca. Colaboró para la publicación El Universal, cuya edición local mostró parte de su trabajo. En 1985 estudió teatro y cine, año en que iniciaba a contar historias y obtiene el Premio Nacional de Cuento.
Dos veces ganador del Premio Dashiell Hammett a la mejor novela policiaca: Tabaco para el puma, en 1997; y, Cadáver de ciudad, en el 2007.
Fue un promotor cultural. En el 2005, impulsa el programa denominado Literatura siempre alerta, dirigido a fomentar la lectura a los policías en el municipio de Netzahualcóyotl, en el cual incluyó textos de Gabriel García Márquez, Paco Ignacio Taibo II, Juan Villoro y Felipe Garrido, entre otros, iniciativa que concluyó en el 2009 en la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, por lo cual obtuvo reconocimientos de la Academia de la Lengua, del Centro de Investigación y Docencia Económicas y, de Scotland Yard.
Otras obras del autor son: Me gustas por guarra, Amor, Tijuana Dream, Quizás otros labios y Yodo. A últimas fechas escribía en el blog www.latinoir.com/dieznegritos.
En paz descanse.


 Editamos, publicamos y vendemos tu libro. 



viernes, 23 de abril de 2010

¿Te da miedo escribir tu libro?

 ¿Te da miedo escribir tu libro?





Si eres de los que les da miedo escribir su propio libro, entonces échale una mirada a tus miedos.

Hace un par de años, por la vía de la amistad, conocí a un joven que deseaba escribir su libro. Me invitó a formar parte del proyecto como coautor. La historia debía narrar el mundo de los negocios y su protagonista debía ser un inversionista exitoso.

Me negué en un principio. En primera porque ese mundo es desconocido para mí y tendría que chuparme literatura técnica como las obras de autores que hubiesen escrito al respecto. Era tanto su entusiasmo y su actitud positiva que me contagió y acepté únicamente a orientarlo. No hubimos comenzado cuando me llamó de su oficina para explicarme su desánimo y la decisión de abandonar el proyecto. En realidad se dio cuenta que aquello que pretendía estampar en papel le exigía más esfuerzo y tiempo del que había supuesto.

Su amigo, enterado de ese propósito, también me abordó. Era un joven que había desarrollado un modo bastante único de mirar la vida y quería expresarlo en un libro. Así que para no sentir que otra vez perdería el tiempo con alguien, cuyo entusiasmo podría esfumársele a la vuelta de la esquina, me alquilé para ayudarle a poner en orden su libro. Después de armar algunos capítulos dejó de responder mi correo electrónico y mis llamadas telefónicas.

Lo mismo ocurrió con una mujer. Tuvimos algunas dificultades para poner su libro en marcha. Después de varias citas canceladas y salidas en falso, me admitió que escribir su libro la tenía muy asustada.

Estos son algunos ejemplos con los que me he topado de frente. Pero existen otros que han sido de manera virtual, y a pesar de no conocer personalmente al sujeto, puedo percibir su miedo por la manera en que escriben y cómo se expresan a través del correo electrónico.

Cada ejemplo anterior es diferente, por supuesto, pero sólo superficialmente porque al final todos abandonaron por miedo su deseado proyecto.

¿Cuál es el Miedo?

Cuando piensas escribir un libro, existen varias cosas que pueden ponerte asustadizo. Trataré de señalar los miedos más típicos que he podido detectar. 

·         El tamaño escabroso del proyecto: 40,000 palabras arrojan unas 200 páginas. Es un proyecto grande que exige esfuerzo constante y concentración por un tiempo más o menos prolongado dependiendo del género y la temática. Sin embargo, si es un proyecto importante para ti, escribe el libro. Si es importante, seguro encontrarás el tiempo y el modo de escribirlo.

·         Miedo a revelarse. Si escribes un libro y se vende bien, expones tus ideas a muchos puntos de vista, a cientos, a miles de lectores. Nadie sabe qué destino tendrá tu libro. Al publicarlo se vuelve un acto público. Estarás ahí en los registros, en la letra, en cualquier idea que hayas puesto. La gente de varios niveles te conocerá a través de él y te juzgarán. ¿Realmente te importa esto?

·         Miedo al éxito. Si tu libro es moderadamente exitoso, probablemente cambiará tu vida. Te dará cierta autoridad y respeto en ciertos sectores. Algunos esperarán más de ti porque eres ya un autor publicado. Si tu libro tiene éxito podrías, tal vez, enriquecerte de su venta. ¿No lo quieres?

·         Miedo al fracaso. También te expones a este riesgo. Quizá tu libro venda una docena de copias y entonces te tomarán por escritor fracasado. Pero yo te digo, por supuesto, que no lo eres. No eres un fracasado si sólo se logra vender unas insignificantes copias, pero tú, probablemente te sientas en este camino.

·         Temer arrepentirte después por lo que escribiste. Probablemente las ideas que estampaste en tu libro ya no sean las mismas que tengas después de algunos años. ¿Cómo podrás sostener aquello si tus ideas han cambiado? Bueno, míralo de esta manera: estás listo para escribir un segundo libro o quizá un tercero. ¿No es agradable?

·         Miedo a ser juzgado. Con toda seguridad serás juzgado y apedreado, sobre todo por quienes no comparten tus ideas. Habrá quienes hasta se rasguen las vestiduras. Probablemente pierdas amistades por lo que has escrito, pero conseguirás otros. No te preocupes por esto, siempre tendrás detractores, halagadores y reconocedores. Sólo escribe con total honestidad. Si algo tiene que decirse duro y crudo, habrá que decirlo así. Este mundo está compuesto de dualidades y la mitad la tienes asegurada.

En mi experiencia, estos son algunos miedos típicos que impiden que concluyas un libro. No hay nada incorrecto con el miedo. El problema con él es que te detiene y no te deja continuar si no lo enfrentas.
Última recomendación: Escribe a menudo y esfuérzate por escribir bien.

 El Editor.






Editamos, publicamos y vendemos tu libro. 



domingo, 28 de febrero de 2010

¿Qué significa escribir? Nietzsche (Segunda Parte)


¿Qué significa escribir? Nietzsche después de todo
Segunda Parte

Dr. Sergio Espinosa Proa
- Universidad Autónoma de Zacatecas

 
 
2
¿Qué teme de mí si yo soy lo imposible?
¿Tiene miedo de mí? Soy lo imposible.

Paul Claudel,
Partage du midi

 
No sé, me parece que bautizar un Coloquio con el ¿Nietzsche ha muerto? delata una peculiar —pero, con todo, productiva— mala fe. Es, de principio a fin, una frase atribuible a Dios. Ello no obstante, la incitación a darle la vuelta es poderosa. Philipp Mainländer estampó esa misma frase con cierta antelación al célebre dictum nietzscheano. "Dios ha muerto, y su muerte fue la vida del mundo"8. Mainländer esperó a ver publicada esta frase y a continuación —siniestro emblema— se colgó de un árbol. El matiz con posterioridad introducido sugiere que Dios muere voluntariamente, pues para Nietzsche su muerte es efecto de la presencia humana en el mundo. Darle la vuelta es decir que Nietzsche ha muerto para asegurar su vida no en su obra o en la cultura o en las academias, sino en la vida de las generaciones que han llegado después de desaparecer. La entropía de la resurrección ejerce por doquier sus vasallajes. Es decir: sí, está muerto, por eso no está muerto. Un individuo que en vida subsistió tan al lado de la muerte debería poder mantenerse, muerto, contiguo a la vida. ¿En virtud de su "filosofía"? Otra manera de preguntar es esta: ¿Ha tenido Nietzsche su "siglo"? O bien: ¿Hay un "mañana" para Nietzsche? Lo cual no es solamente retórico. El asunto de la decadencia y la declinación fue decisivo en sus escritos. Un poco como la enfermedad: hay que enfermarse de verdad para en verdad desear la salud. Y, desde la exuberancia de la vida, permanecer sensible a la delicada e insensata labor de lo enfermo. Si la muerte no se experimenta como castigo divino, es preciso desear la muerte de todos, incluyendo en primer término la de los dioses. ¡Una fatalidad que se asume como un deber! Nietzsche ha muerto, ¿qué duda cabe? Extraer de ello conclusiones malsanas será sin embargo lo más normal. Lo malo es que no hubiera muerto, eso haría de Nietzsche un temible nihilista. Porque nihilismo es exactamente no morir. Así lo define el filósofo: Nihilismo: falta el fin.

Falta el fin: desde luego, la meta se desdibuja, pero también: falta la muerte, falta el límite. Falta el corte. Nihilista es la ausencia o la borradura del límite, del horizonte. Si no hay límite, no hay para qué nada. Lo infinito dentro de lo finito, eso es nihilista a tope. Nietzsche ha muerto, ¡bendito sea Dios! Claro, pues de lo contrario Nietzsche se divinizaría y sería imposible distinguirlo de las idolatrías ambientes, que es lo propio de la época. El nihilismo es la negación o la pérdida del fin: la ausencia de la ausencia, el olvido del olvido, la muerte de la muerte. Pablo está en el inicio, al lado de Sócrates-Platón y la irresistible conversión de lo negativo-negativo en positivo. Nietzsche abre un paréntesis en su propio pensar que es un pensar que escasamente habría de pertenecerle. Sus líneas poseen estratos y cortezas infestadas de minúsculas hormigas o termitas. El Dios ha muerto exige interrogarse enseguida: ¿y el lenguaje? ¿Muere? Posiblemente el lenguaje sea lo único en efecto sobreviviente: sin límite a la vista, sería nihilismo en estado plenipotenciario. Revolotea el siempre que hablo, miento de Epiménides. La revuelta, la conspiración, el terror, se llevará en consecuencia, aun si no se descuidan del todo los demás, a ese plano. Aunque ojalá fuera plano; es un fractal, se halla como corrugado, esmaltado, roto, esmerilado. Hablar del habla, qué habladuría insufrible. Los dioses se alojan en la lengua, como después intuirá y desarrollará Max Müller. El nihilismo es un fenómeno esencial y eminentemente lingüístico. Ya estaba en su base. Si todo puede —en principio— decirse, nada puede —finalmente— decirse. Nietzsche no se hace ilusiones. El lenguaje es así. Casi les dirá a los positivistas lógicos: su lógica de enunciados es lo más metafísico del mundo porque resulta incapaz de reconocer su vocación y raigambre metafísica. No sólo por eso, pero forma parte de su natural ceguera. ¿Un lenguaje natural, una lengua que diga lo real? Han existido pretensiones igual de pintorescas. Lo nihilista de la gramática coincide exactamente con la supervivencia de la lengua. Ni siquiera se deja pensar. ¿Estructura, sistema, cuerpo, tejido? Al tocar la nada la convierte en cosa, casi nada. Apenas cosa. ¿Quién le pone un ¡Hasta aquí!? Pues nadie, comenzamos ahora a entender algo del nihilismo. El mono desnudo penetra desnudo a la palabra. Pero en ella, con ella y por ella, sale vestido. Investido de valor, valor siempre simbólico. Ni el dinero ni la palabra son inocentes. La inocencia se queda de este lado del signo. Dudemos que sea recuperable. La naturaleza humana sufre en la palabra un siniestro total. El movimiento del intelecto es entonces inverso: no es que lo puesto por el signo —lo "suprasensible"— sea inalcanzable, sino lo sensible, el "esto y esto…", el hic et nunc, el más acá, lo que no puede ya abrazarse ni tocarse. El noli me tangere cristológico no es una orden sino una confesión de irredimible desorden. Tocado por la palabra, ¿quién puede a su vez ser tocado (o trastocado) por un mortal? Ni en sueños. La lengua es el nido de todo nihilismo, es decir, de toda divinidad. Me gustaría reconocer aquí un límite. El signo erguido —el falo— es investido por la fuerza de un poder sobrehumano, de un poder por encima de la vida, de un poder más allá de la vida. No nos engañemos, en esa gruta acecha el dragón del nihilismo. Se tendrá que reconocer que el santo designado para someterlo sufre gigantesco contagio. Nihilista es quien hace del nihilismo su presa —o lo pretende. 

Quizá en el fondo sea una cuestión sin fondo. Hablar es muy parecido a flotar. Querer tocar fondo delata cierta vocación de asfixia. Me parece indudable que Nietzsche percibió esa necesidad de flotación. Comprendió que el agua no "significa" nada, en el sentido siguiente: existe no como "vehículo", como "medio" entre la superficie eólica y la corteza geológica debajo de ella. Tiene su "dignidad", consistente en no querer decir nada. (O decir la nada, dejar que hable con su voz desvaída y disolvente: cantos de sirena). La lengua, nihilista como el mar. No "dice" lo que es: tan sólo redondea sus bordes. En sí misma, la lengua no es capaz de reconocer ni borde ni imposibilidad. No para ella, cuyo poder es prescindir de lo real en la límpida elegancia de su gesto olímpico. ¿Lo real? ¿La muerte? Sí, eso que el nihilismo no acoge y difícilmente percibe. Nietzsche no sólo ha muerto, sino que, en vida, corrió a su fin, no hizo otra cosa. No para abismarse, precipitarse en la nada, o en la locura, sino para ser sin culpas ese abismo. Eso somos. Hagamos lo que hagamos. Huyamos a donde huyamos. Resignémonos o no. Nihilista es quien no admite su ser abismos. La "falacia" del platonismo, del cristianismo, de la técnica, de la modernidad, es una falacia por omisión. Y por promisión. Omite la muerte, omite el fin, promete la supervivencia, la bienaventuranza sin fin. Lo triste no es que sea falso: es que su falsía termina devorándose el corazón. Las cinco fases del nihilismo que vienen descritas económicamente en El crepúsculo de los ídolos formulan —sin develar— el enigma: 

1 El mundo verdadero soy yo (Platón).
2 El mundo verdadero es mi (tu) promesa (Jesús).
3 El mundo verdadero es mi (tu) consuelo (Kant).
4 El mundo verdadero es (lo) (aun) desconocido (Dama Ciencia).
5 El mundo verdadero no es: olvidémoslo (Nietzsche).
6 Si el mundo verdadero no es, tampoco queda el aparente (Nietzsche).

Nietzsche no introduce uno, sino dos cortes en la secuencia. De lo contrario, ¿qué lo distinguiría del positivista más romo? Si el alma resulta ser una ilusión, ¡el cuerpo también lo es! Uno, dos… tres. Hay un tercer reino, un aut… aut, un ne-uter. No es exagerado observar que en ese tres acampa toda la filosofía del siglo XX, comenzando por Freud, pasando por Heidegger/Levinas y terminando con Barthes, Derrida o Blanchot. ¿Resistiríamos la tentación de (volver a) decir: mundo, alma, Dios? O ¿cuerpo, alma, espíritu? O quizá: ¿Padre, Hijo, Espíritu Santo? ¿Será necesario atender a los nudos lacanianos de Real, Simbólico, Imaginario para redinamizar los términos? Bástenos por ahora perseguir el rastro de Nietzsche. Preguntaríamos por lo pronto si de verdad imagina una palabra capaz de indicar o capturar lo que es. ¿Sería tan necio? Pretender acabar con el nihilismo es tan nihilista como metafísico es creer que podemos terminar con la metafísica. Entonces ¿no hay salida? Pendientes de la palabra, la verdad sólo sabe alejarse. El nihilismo sólo sabe "retroalimentarse". ¿Qué hacer, si "hacer" es lo mismo que "deshacer"? He aquí, creo, la respuesta de Nietzsche: Hacer, pero hasta el fin.

Si el nihilismo es la ausencia del fin, todavía parece posible darle fin. ¿Cómo? Negando no ya los (antiguos) valores supremos, sino el lugar donde podrían florecer. Percibimos la cercanía del delirio. ¿Para qué necesitaríamos una brújula si el norte se encuentra en cualquier parte? Lo único que importa es decidir que hay un norte. Y, ¿quién está facultado para decidirlo? ¿Yo? ¿Tu? ¿Él? ¿Nosotros? ¿Todos? ¿Nadie? El delirio consiste en afirmar que el sentido consiste exactamente en que no hay sentido alguno. En otros términos, no vamos —ni individual ni ecuménicamente— a ninguna parte. Cuando el trompo gira de verdad no da —ni tiene para qué hacerlo— la sensación de moverse. Querer otorgarle una dirección (o un "sentido") equivale a sacarlo de quicio, a transtornar —siempre en un sentido negativo, destructivo, o, mejor, autodestructivo— su momento de inercia. El nihilismo "queda atrás" en el instante en que afirma ese momento de inercia que no "va", que insiste ciegamente, que gira como una bailarina enloquecida sobre su propio eje. Sin fin. Sin meta. Por menos persuasiva que sea esta "salida" nietzscheana, vale la pena detenerse a averiguar qué tiene en mente el filósofo. Me atreveré a suponer que ante la aporía Nietzsche procura trocar la angustia por el vértigo. La pregunta es entonces: ¿cómo vivir cuando sabemos que nada humano —en el entendido que "los dioses" y sobre todo el "Dios" son humanos, demasiado humanos— tiene el poder de evitar —y de justificar— el fin? Lo cual significa que el fin no tiene sentido, ni razón, ni objeto, ni lógica, punto. ¿Qué se le va a hacer? Nada, pero hay que exactamente hacer nada. El nihilismo queda "atrás, abajo, afuera" cuando el hombre se quiere y se sabe dejar atrás, abajo, afuera, cuando toca el estado übermensch. Extático como un trompo, como una bailarina, como un derviche. En trance. El superhombre no es ni mejor ni peor: es lo otro del hombre. A saber, su fin. 

Por fortuna, Nietzsche ha muerto; por fortuna, en primer lugar, para él mismo. Lo cual no significa desentenderse de la pregunta original si se lee en un sentido figurado. Supongo que debe discutirse si, tras doce o trece decenios, o cuatro generaciones, lo de Nietzsche es para nosotros "letra muerta". Aparecen a ratos libelos del tipo "Por qué no soy nietzscheano" tan lamentables como los "Por qué sigo siendo cristiano". Como si de verdad nos importaran alardes de miseria o cobardía semejantes. A nadie podrá escapar el enrarecido clima contemporáneo de multiplicados reflujos teológicos, así que la "intempestividad" de Nietzsche continúa, aunque no quiera, ejerciendo sus influencias y despidiendo sus efluvios. Mientras haya esperanza… Una inequívoca señal de vida es el esfuerzo desplegado por deshacerse de él, o de lo que representa. Y, puestos en el punto, ¿qué representa? Recordemos primeramente la sentencia de Lukács: estandarte del irracionalismo, eslabón de una ominosa cadena. El giro teológico del post sesentayocho consiste en borrar esa mancha: lo otro de la razón no puede ser otro que Dios. Es decir: lo Mismo. No hay un reverso. O, mejor, no hay reverso que valga. No nos asombremos, negar lo otro de la razón es prenda íntima del nihilismo. Nueva, arcaica interrogación: ¿hay o no hay una sombra? ¿Se podría hacer algo provechoso con ella, si la hubiese? Vocablos colgados de esa oquedad han desfilado a lo largo del siglo: acaso son sólo transmigraciones de la kantiana Ding an sich. Absoluto en Schelling, Voluntad en Schopenhauer, Voluntad de poder en Nietzsche, élan vital en Bergson, Erlebnis en Dilthey, Leben en Simmel, Paideuma en Frobenius, Inconsciente en Freud, Arquetípico en Jung, Demoníaco en Mann (y, antes, en Goethe), Imposible en Bataille, Neutro en Blanchot (y Barthes), Real en Lacan, Improbable en Bonnefoy… La nómina se extendería. El ser (tachado) de Heidegger se deja sin excesiva violencia alinear allí. Sería interesante con todo medir sus distancias, sus escurrimientos. ¿Formas refractadas del genio maligno cartesiano? 

Segunda "tesis": lo teológico (y político) de la operación reside en la voluntad de humanización del reverso.
No se sabe si disipar las tinieblas o dejar que atenúen la luz del día, igualmente insensata. En esta vacilación ha sido sorprendido in fraganti el espíritu de la época. Por lo visto, el diagnóstico pediría una amplia variedad de tratamientos. ¿Qué hacer cuando es evidente que el desierto crece? ¿Cultivar un pequeño jardín? ¿Retomar la senda de la Ermita? ¿Participar en una nueva gnosis? ¿Cómo se podría, realmente, hacer nada? La mayoría, seamos honestos, sólo repite un movimiento de avestruz. Se comprende que la filosofía escolástica —pero tampoco la espontánea— no muy bien sepa qué hacer con el muchacho. ¿Qué espera de nosotros, que nos volvamos poetas, o músicos? ¿Incluso los que ni talento tenemos? Y bien, hasta para morir se requiere cierto talento. No es una solicitud de tipo profesional, o laboral. La asunción trágica no es para todos, el "cualquiera" está de más. La oscilación lleva o puede llevar de la ética a la estética y del estoicismo al cinismo. En cualquier caso, el desafío acusa extrañas recepciones. No es excesivo convenir en que la elección no se da entre una fría luz positivista o una irracional oscuridad. Existen diversas combinaciones. El relámpago, la fosforescencia de insectos y cavernas, el fuego volcánico, la luminosidad de las nebulosas, la luz zodiacal… Después de todo, irracionalista es imaginar que sólo existe la razón —¡y que se está siempre en posesión de ella! Irracional es pretender someter a lo real y al campo de lo posible a su solo arbitrio. Irracionalista es, en una palabra, la pretensión de absorber el todo en un continente racional. Parece innegable que Nietzsche se topó con el problema. ¿Qué representa entonces, un destino o el destino de Occidente? ¿Qué lugar corresponde el día de hoy a este "pensar impíamente áspero", según la apreciación temprana de Heidegger? Peor aún, y ya ha brotado la pus, ¿quién tendría la soberbia de asignárselo? Que se haya ganado un lugar en la "historia de las ideas" es ridículo objetarlo. No creo, por todo lo dicho, que allí radique su vigencia o su virulencia. Si el nihilismo es la "falta de fin", ¿cómo dárselo? ¿A qué fin? Como si oponerse a la corriente sólo tuviera por efecto aumentar su caudal. No conviene olvidarlo: el nihilismo no consiste en dejar venir a la nada, sino en expulsarla. Niegue Ud. la muerte —o deshágase alegremente de ella— y se le colará por todas las rendijas de la casa. Nietzsche no "piensa" el nihilismo como un profesor de filosofía, ni como un misionero cultural, sino que lo padece, lo soporta, se lo bebe hasta las heces, como se dice. 

Tercera "tesis": si el nihilismo es darle la vuelta al fin, escribir será dejarse venir desde él.

Suena un poco como albur, pero es muy probablemente lo que ocurre —y con esto me acerco por fin al fin— con la experiencia de Nietzsche. Roger Laporte lo enunciaría en sus justos términos: "Escribiendo, nada más que escribiendo, ¿puedo morir con una muerte de hombre?"9. No podemos saber nada del reverso, pero eso dejará de preocuparnos desde el instante en que sabemos que, en cuanto finitud radical, somos el lado nocturno de todas las cosas. Pues hay siempre algo más fuerte que el hombre. Podemos imaginarlo como una "prueba", que en Nietzsche lleva un título capaz de mimar, minar y doblegar el sentido de la eternidad. "Si conservo", escribe Laporte, "la mente y el corazón girados hacia ese punto extremo; si tengo constantemente la preocupación por el lenguaje más justo, me vienen pensamientos que me despejan un camino, pero un camino cada vez menos practicable"10. ¿Hacia dónde se abre esa puerta? "Lejos de la tierra de los hombres hacia la que ni puedo ni quiero volver de nuevo; lejos de la zona de hundimiento hacia la cual habría debido regresar, ¿seguiré paralizado, arrinconado en ese intervalo, prisionero en una trampa que, sin embargo, no existe?". Pensar es hablar no a propósito de, sino a partir de los impulsos soberanos. Así lo formulaba un Nietzsche jovencísimo: "Pensar y ser no son en modo alguno lo mismo. El pensar tiene que ser incapaz de acercarse al ser y de atraparlo"11. Ni atraparlo, ni regirse por su "ley". Caer desde su ausencia. Pero esto, contra lo esperado, ¿no permite sin fin amar?12 Incluso para un lector de los arrestos de Heidegger, Nietzsche es y seguirá siendo por todo ello un "abismo". En carta a Jaspers, dirá que desde Nietzsche sólo puede crecer hacia abajo, hundiéndose en la tierra. Un elusivo modo de confesar que es mucho más fácil encontrar a Nietzsche que perderlo.
Después de todo, "¿es muy dañino que el vacío no tenga oídos?".

 
7 Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, tr. Andrés Sánchez Pascual, Alianza, Madrid, 1972, p. 212
8 Cit. en Franco Volpi, El nihilismo, Biblos, Buenos Aires, 2005, p. 49
9 Roger Laporte, Moriendo, tr. Antonia Barreda, Arena Libros, Madrid, 2006, p. 22 y 30
10 Ibíd., p. 32
11 Friedrich Nietzsche, Fragmentos póstumos, edición de Günter Wohlfart, tr. Joaquín Chamorro, Abada Editores, Madrid, 2004, p. 32
12 Moriendo, o. c., p. 48


 
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viernes, 29 de enero de 2010

Feria del libro ‘Al rescate de los valores'


Feria del libro 'Al rescate de los valores'
 

Con la exhibición de libros de diversos géneros y manualidades, así como la representación de la Independencia de México y la Revolución Mexicana, inició la octava feria del libro "Al rescate de los valores", en el colegio México.

El presidente municipal, Ramón Garza Barrios, inauguró la exposición de dos días en las instalaciones del plantel, ubicado en Belisario Domínguez y Tamazunchale, colonia Madero.

"Un libro nos da sabiduría, un libro nos da enseñanza, un libro siempre será nuestro amigo, sabemos que existen muchas tecnologías, pero el libro es el libro y hay que leerlos, asimilarlos, reflexionarlos y todas las enseñanzas que nos dejan hay que practicarlas", dijo Garza Barrios.

Son más de 20 expositores los que promocionan diversas obras literarias y de acuerdo al programa el primer día hubo cuenta-cuentos, un show de los payasos Melen2, Pinocho con Botas, Pantomima, números artísticos, exhibición de Tae Kwon Do y la conferencia "El valor de ser y amar", impartido por la doctora Claudia Sánchez Martínez.

Juan Carlos González Solís, director del plantel, dio la bienvenida a las autoridades y señaló que la feria tiene por objetivo fomentar la cultura en la ciudad.

"Uno de los impulsos más fuertes que ha dado el señor presidente es el de construir una ciudad con valor, y este año se decidió que esta feria llevara precisamente el nombre de 'Al rescate a los valores', para contribuir con la comunidad en el fomento de los valores desde la familias", mencionó.

Para este viernes, el programa incluye números musicales, el show del payaso Cometín, el show de los Melen2, exhibición de yoga y la conferencia "Vivir en valores".

A la actividad asistió la regidora Baudelia Juárez García, la directora del Zoológico Regional, Gina Ferrara de León; y el doctor Manuel Ceballos Ramírez y su esposa Ana Laura Martínez, en representación de la Sociedad de Padres de Familia. 



 

domingo, 22 de noviembre de 2009

Un Singular Centro de Lectura



Excretar es una necesidad orgánica. La avidez por la lectura también es una necesidad orgánica. Las tripas exigen evacuar; el cerebro lector exige letras.





Un singular centro de lectura.

Por: Anselmo Bautista López.



Nunca me había preguntado por qué me gusta tanto leer en el baño cuando estoy haciendo mis necesidades fisiológicas. Pero ahora me cae como una tromba: ¿Por qué lo hago?

Siempre he pensado que para leer cualquier lugar es bueno: acostado en la cama, sobre una silla con la espalda derechita, en la banca de un parque, en la azotea, en el transporte. Como también he pensado que los libros deben tener un lugar exclusivo, de preferencia un librero, cuya utilidad exclusiva es la lectura y el aprendizaje; mientras que los periódicos pueden estar en cualquier lado y tener diversos y muy variados usos según la persona cuya lectura se acostumbra por las mañanas y debe entrar por los ojos. ¿Pero en el baño?

Para dar respuesta a mi pregunta tuve que cuestionarlo a mi psicoanalista Freud (porque los psicólogos modernos no están interesados en esto) Me dijo que en la vida, en nuestra etapa de desarrollo, hay un periodo en el que experimentamos satisfacciones reteniendo el excremento al cual le llamó: Fase Anal. Eso me puso los pelos de punta y mentalmente me ordené nunca volver a leer en el baño. Continuó diciendo que para el niño, el excremento representa un símbolo de independencia cuando logra defecar por sí solo en su bacinica sin la ayuda de su madre. Es un momento de libertad porque dice NO a la autoridad materna y de paso obtiene una cierta ganancia de placer reteniendo su necesidad.

Quedé medio espantado por la explicación que me dio este barbón. Supone que las personas que vamos al baño y nos quedamos leyendo largamente, somos personas con tendencias al placer anal. ¡No, no, no! ¡Que a mí me gustan las mujeres! ¿O será verdad que yo también llevo un "putito" dentro? No lo creo.

No creo que leer en el baño sea un problema, ni una manía o un hábito, porque entonces diremos que defecar también lo será. Excretar es una necesidad orgánica. La avidez por la lectura también es una necesidad orgánica. Las tripas exigen evacuar; el cerebro lector exige letras.

Es desesperante entrar al baño en casa ajena y no encontrar algo qué leer, ni siquiera un cubo Rubik para romperse la cabeza. No me gusta usar baños ajenos a menos que mi necesidad sea urgente. Cuando esto sucede agarro los frascos de champú y me entero qué es lo que se están echando en la cabeza o bien examino el grabado del papel sanitario y su textura e imagino qué imágenes dejaré grabadas ahí. Tengo necesidad de entretenerme en algo si no hay nada qué leer.

Seguramente los que leemos en el baño lo hacemos por distintos motivos. Habrá quienes lo hagan para distraerse y olvidar por unos momentos lo que estaban haciendo. A los animales les toma sólo unos segundo para distraerse; para nosotros, en mi caso, se vuelve un ritual muy elaborado porque necesito cierta cantidad de lectura o bien cierto tipo de lectura. Finalmente, mi psicoanalista Freud tiene algo de razón: ir al baño y leer es, sin que sea una regla absoluta, conseguir algún tipo de placer.

Regularmente me llevo al baño el libro que actualmente esté leyendo y lo vuelvo a sacar tan pronto termine. Retirar el libro del baño sí que se ha vuelto un hábito. Antes los dejaba ahí mismo hasta que mi esposa comenzó a tirarlos al cesto de la basura, lo cual le valió un ojo morado y a mi unas horas tras los barrotes. ¡Ah, no se crea! Eso de los barrotes no es verdad pero lo del ojo morado sí.

También retiro los libros porque hubo un tiempo en que se me extraviaban del baño y mermaban mi colección. A mis invitados les daba por llevárselos para terminarlos de leer cómodamente en sus propios baños.

El baño puede ser un gran recurso para los escritores tímidos. Sí, esos que escriben sólo para ellos mismos pidiendo a gritos ser leídos y escuchar opiniones. O bien, para aquel que desee publicar su obra pero no se atreve acercarse a alguna editorial.

Aquí hay algunos consejos:

Deja en el baño algunas cuartillas como por descuido. Invita a las personas que quieras que te lean. Para asegurarte, dales algo que les obligue a ir al baño, de preferencia algo que les haga tardar. Si salen y no te dan su opinión significa que no lo leyeron, o que lo leyeron y no les interesó; o que lo leyeron y mejor se guardan sus opiniones. O bien saldrán sorprendidos o mofándose de ti. Debes considerar todas estas reacciones y estar preparado para responder con cordura.

Si conoces a algún editor o tienes amistad con alguno, has el mismo procedimiento invitándolo a comer a tu casa. Existe la posibilidad de que te edite.

Si has publicado un libro y no has vendido un solo ejemplar, el baño puede ser un singular centro de lectura del mismo, tal vez se lo lleven a casa para terminarlo. El más decente te dirá: ¿Me lo prestas? Por lo menos habrás conseguido ser leído y quizá te hagan propaganda. De cualquier modo tu libro acabará en otro baño donde tendrá otros lectores y alguno se lo llevará igualmente a su casa. Así lograrás que circule y tendrás más lectores. El riesgo que corres es que tu foto de la contraportada termine con bigotes.

Si has de hacerlo asegúrate de tener suficiente papel sanitario, no sea que encuentres las páginas echas bolita en el cesto y pegues el grito: ¡Cuánta incultura, por Dios!

¡Ah! Olvidaba decirte. Antes debes retirarles sus celulares no sea que se distraigan jugando el famoso pac man o enviando mensaje encriptados.

-¡Oye, qué bueno está tu libro!

-¿Oh, sí? Gracias… ¿Por curiosidad, dónde lo obtuviste?

-Leí unas páginas en el baño de la casa de Beth y lo terminé en la mía, pero ya ha desaparecido.

Yo prefiero, ahora, dejarles revistas de esas superfluas, uno de crucigramas y un periódico. ¡Ah! Y una nota que dice: "Las revistas y el periódico son para leer, NO para enseñar a leer".

Estimado lector, si algún día me honra a visitar su casa, le suplico tenga algo qué leer en su baño, cualquier cosa, excepto Notas Rojas o Amarillas.




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