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jueves, 19 de noviembre de 2009

El Caín de José Saramago



"Dios no es de fiar", insistió el premio Nobel de Literatura. "No me interesa nada la lectura simbólica. Me interesa la letra del texto: la Biblia es un manual de malas costumbres, crueldad infinita, incestos y carnicerías", expresó.




POLÉMICA. El escritor provoca nuevamente

a los fieles católicos (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )



El Caín de José Saramago



David Ricardo.





EL UNIVERSAL
MARTES 03 DE NOVIEMBRE DE 2009
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/60950.html


El escritor portugués José Saramago presentó ayer Caín, una nueva y polémica revisión sobre el contenido de la Biblia, que calificó de ser un manual de malas costumbres y aseguró que su motivación para seguir escribiendo es desasosegar.
Apenas un año después de la publicación de El viaje del elefante, Saramago, de 86 años, regresa con una obra que indaga en los orígenes más remotos del hombre, según el Antiguo Testamento.
"Hay un aborregamiento de la sociedad actual", dijo Saramago en la presentación del libro en la Casa de América de Madrid y agregó "no escribo para agradar. Escribo para desasosegar".
Con más de 30 mil ejemplares vendidos desde su publicación hace dos semanas en España y Portugal, Caín (Alfaguara) levantó una enorme polvareda de críticas de la iglesia católica portuguesa, muy molesta con el libro.
Saramago explicó que la jerarquía eclesiástica se ha pasado años interpretando la simbología de la Biblia, pero se ha olvidado del contenido real, que, en su opinión, muestra un Dios cruel que toma decisiones arbitrarias.
"Dios no es de fiar", insistió el premio Nobel de Literatura. "No me interesa nada la lectura simbólica. Me interesa la letra del texto: la Biblia es un manual de malas costumbres, crueldad infinita, incestos y carnicerías", expresó.
Lectura simbólica
Caín sigue la línea abierta por Saramago en 1991 con El Evangelio según Jesucristo, otra polémica novela.
En este caso, partiendo de la historia entre Caín y Abel, el escritor muestra su particular visión sobre algunos de los episodios más significativos del Antiguo Testamento: el abortado sacrificio de Isaac por Abraham, la destrucción de Sodoma y Gomorra, la batalla de Jericó o el diluvio universal, entre otros.
"Todos creen haber leído la Biblia, pero no la hemos leído. La lectura simbólica está hecha para mentir", añadió. "La historia de la humanidad es la historia de la muerte del hombre. El hombre siempre está muriendo".
Precisó que la lectura de Caín no está reñida con la fe de la gente, que, dijo, respeta en lo más profundo. Además, afirmó que no piensa amedrentarse ante las críticas y que, cerca de cumplir 87 años, tiene cuerda para rato.
"Mi mensaje para los lectores es que no se preocupen. No voy a desistir. Tengo poca vida para vivir. La usaré para ensanchar la acción pública de mi trabajo", precisó el escritor.
Más de la controversia
Cuando Dios decidió quemar Sodoma porque los hombres "tenían gustos sexuales muy suyos", pactó con Abraham que si encontraba a 10 inocentes salvaría la ciudad. Pero Dios la quemó, "no se enteró de si había 10 u 11", ni siquiera se dio cuenta de que olvidaba a los niños, inocentes todos de ese "pecado". Por eso, "Dios no es de fiar", indica el escritor.
Han pasado sólo dos semanas desde que el 19 de octubre llegara a las librerías Caín, la nueva novela del Nobel de literatura y la polémica está servida, pues el libro levanta ampollas en su país natal, donde un eurodiputado conservador llegó incluso a pedirle que renunciara a su nacionalidad y la conferencia episcopal tampoco ha permanecido inmune ante la particular ironía de Saramago.
Curtido en estas situaciones, Saramago no pierde la calma y afirma, con voz pausada y firme, que entender Caín no es incompatible con ser creyente.
"Entiendo que una persona crea, pero que no cierre los ojos. La fe pertenece a otro dominio. Yo uso mi razón", dijo.
Al hablar por primera vez de la novela, el autor describió la Biblia como "un manual de malas costumbres" y que en el texto sagrado del cristianismo hay "una crueldad infinita, no faltan los incestos y las carnicerías" y se pueden contar más de un millón de asesinatos.
"La historia de la humanidad es, en el fondo, la historia de la muerte", afirmó el Nobel. El problema es que "nosotros hemos inventado a un Dios a nuestra imagen y semejanza, no al revés y por eso es tan cruel". El hombre inventó a Dios y luego se esclavizó a su ley, afirmó.
En casi 200 páginas, Saramago propone un viaje en el tiempo de la mano del primer fraticida y según él, Dios es el verdadero "autor intelectual" del crimen.
El autor confesó que le sorprende el revuelo generado por Caín en Portugal y que no entiende la reacción de la Iglesia, que es "como los perros de Pavlov", responde inmediatamente al estímulo sin ni siquiera haber leído el libro.
El escritor aseguró que tiene "cuerda para rato" y adelantó que en su próximo libro arremeterá en contra de la industria del armamento
Caín saldrá a la venta en América Latina a lo largo de este mes con una tirada inicial de 130 mil ejemplares.






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miércoles, 4 de noviembre de 2009

Los claroscuros del Premio Nobel de Literatura

 Los claroscuros del Premio Nobel de Literatura.
Escritor por: Miguel Ortiz
 http://www.papelenblanco.com/premios-y-concursos/los-claroscuros-del-premio-nobel-de-literatura

El Premio Nobel (pronúnciese /no’bɛ:l/) de Literatura es uno de los cinco premios que instauró Alfred Nobel en su testamento, con la intención de galardonar al escritor que “haya producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal”. El Premio es otorgado por la Academia Sueca desde su nacimiento, en 1901.
Se trata, sin duda alguna, del premio literario más (re)conocido, seguramente el más importante y, como no podía ser de otra manera, uno de los más controvertidos. Mucho se ha dicho sobre las injusticias que se han cometido con grandes autores del siglo XX pero creo que muchas de las críticas hacia la Academia Sueca son simplonas o ventajistas; aunque tampoco quiero decir que no haya que criticar las decisiones de quien se ha autoproclamado como la institución adalid de la literatura universal, sino que hay que ser lo más justo posible.

Ante todo hay que tener en cuenta que es un premio dado por una sociedad de carácter privado compuesta por individuos que, como tales, tienen sus gustos personales. Lo segundo a tener en cuenta es que sus dieciocho miembros son suecos y, por lo tanto, su lengua materna es el sueco. Por lo tanto me imagino que, aunque sepan más idiomas, muchas de las obras presentadas han de leerlas traducidas, con lo cual les resultará más sencillo apreciar la calidad de una novela publicada en sueco o en inglés que un poemario en coreano o en gallego.
Los datos pueden ser leídos de múltiples maneras pero, desde el punto de vista de nuestra comunidad lingüística, es sorprendente el hecho de que sólo han sido galardonados diez escritores en lengua castellana, cinco españoles y cinco latinoamericanos; los últimos, Camilo José Cela en 1989 y Octavio Paz un año después. Especialmente flagrante me parece el caso de la Argentina, que contando con una de las literaturas más importantes de la segunda mitad del siglo XX no ha recibido ningún reconocimiento. No se lo dieron ni a Julio Cortázar ni a Jorge Luis Borges cuando debieron y, actualmente, Ernesto Sábato lo tiene difícil por ser más ensayista que novelista y por sus vaivenes ideológicos.
En el otro lado de la moneda están los países nórdicos: Suecia tiene seis premiados, Dinamarca y Noruega, tres, y Finlandia, uno. En principio es lógico que en cien años hayan condecorado a media docena de autores autóctonos y otros tantos de los países vecinos; ocurriría lo mismo en cualquier lugar del mundo: si el Premio lo diera la Academia Galega tarde o temprano habría un “Nobel gallego”. Suele decirse que Cela es el primer y único Nobel de Galicia pero no, no nos engañemos: jamás escribió en gallego y renegaba de la cultura y la lengua gallega. Yo personalmente, teniendo en cuenta el parentesco, siento mucho más cercano el reconocimiento a José Saramago.
Lo que pasa es que hay casos flagrantes de endogamia: en 1974 Vladímir Nabokov, Graham Greene y Saul Bellow estaban en las quinielas, pero fueron finalmente eludidos para premiar Eyvind Johnson y Harry Martinson, autores poco conocidos fuera de Suecia y cuyo mérito principal parece que fue que eran miembros de la Academia Sueca.
Todas las comunidades lingüísticas del mundo tendrán sus propias quejas y seguramente no les faltará razón. El Premio Nobel siempre ha presumido de su carácter universalista y muchas veces nos ha descubierto autores desconocidos, ejerciendo de altavoz cultural, pero no es del todo cierto, sobre todo durante los últimos años. En más de cien años de historia, sólo han sido premiados cuatro escritores africanos, dos sudafricanos, un egipcio y un nigeriano, de los cuales sólo el egipcio, Naguib Mahfuz, escribió en árabe (los demás en inglés).
El asunto es muy similar para los asiáticos: sólo cinco premiados, dos japoneses, un chino, un israelí y un bengalí (contando a Rusia y Turquía como países europeos o, al menos, no sólo asiáticos, ya que sus literaturas miran al viejo continente). Estados Unidos ha logrado once premios (más que toda la lengua castellana) y aún lloran alguna que otra injusticia. Europa se lleva la palma pues: suma más de ochenta premiados. Desde 1995 todos los condecorados son europeos excepto dos: John Maxwell Coetzee, sudafricano que escribe en inglés, y Gao Xingjian, que escribe en chino pero está nacionalizado francés porque huyó del régimen comunista de su país de origen.
Así que el Nobel de Literatura parece estar en horas bajas. Después de quitarse de encima el sambenito de ser un premio demasiado politizado, ahora que el mundo se ha globalizado está cometiendo el error de cerrarse a Europa. Un tremendo error ya que la mayoría de escritores europeos no necesitan ganar el Nobel para que su obra llegue a un buen número de gente, cosa que no ocurre en otros continentes. Eso debería ser el Nobel: un premio que descubriera literaturas poco conocidas, sobre todo a los europeos, tan acostumbrados a mirarnos sólo nuestro ombligo, y que apoyara a las lenguas minorizadas (que no minoritarias como se suele decir erróneamente): sólo ha premiado una obra en occitano (la de Frédéric Mistral en 1904) y una en yidis (Isaac Bashevis Singer, 1978). ¿Algún día premiaran una obra en catalán, euskera o gaélico?
Hay muchos escritores a los que les llegó la muerte antes que el reconocimiento de la Academia Sueca. Los casos más llamativos son, además de los ya nombrados Cortázar, Borges y Nabokov, Marcel Proust, James Joyce, Emile Zola, Franz Kafka, Liev Tolstói... Y me vais a permitir que una a la lista a Federico García Lorca, al que si no hubieran matado… Para acabar una pregunta (no retórica, como la anterior): ¿quién creéis que se merece actualmente el Nobel de Literatura? A mí se me ocurren Salman Rushdie (por su figura sociopolítica) y Javier Marías (porque cada día está más en boca de todos).




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