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jueves, 30 de junio de 2011

Los Libros

Los que no valoran los libros ni siquiera para sus hijos siempre será más barato el cartón de cerveza. 



Los Libros.
Por Anselmo Bautita López.

Ningún libro es malo si no lo es el lector. Definitivamente existen libros que no son muy de nuestro agrado. Pero ningún buen lector dejará de leerlo. Bien sabe que de las opiniones contrarias se refuerzan las propias. La gracia de la lectura no sólo se haya en aquellos texto que nos agradan sino también radica en saborear distintas opiniones. De hecho el crecimiento intelectual sobreviene de las opiniones contrarias o desconocidas. Cuando se haya una opinión opuesta, nuestro cerebro funciona más rápidamente buscando la objeción y al buscarla lo que hacemos es hallar una respuesta. De esta manera es como hacemos funcionar todo nuestro engranaje cerebral. Desde luego que, al final, podemos darle credibilidad a la opinión opuesta y adoptarla o de lo contrario reforzamos la ya existente en nuestra conciencia. A esto se llama formulación de alegatos en donde cada quién da su opinión y sus razones.

Leer un libro es, entonces, charlar con el autor como si éste fuera un amigo. Ya sea que el autor nos cuente una historia fantástica, nos plantee un problema, nos ilustre sobre alguna técnica o descubrimiento, nos narre la historia de nuestro pueblo o país, nos sensibilice con sus poesías, nos aumente nuestro acervo cultural o sencillamente nos entretenga.

No hablo de escritores buenos o escritores malos. Hablo de lectores buenos y lectores malos. Los malos lectores son aquellos que ven la portada, leen el título y creen ya saber lo que se dice en sus páginas y para confirmarlo le echan una ojeada al índice para luego dejarlo.

El lector bueno, observa la portada y de inmediato lee la sinopsis de la contraportada. No escudriña más. Eso es suficiente para comprarlo o elegir otro. Jamás abre el libro por la mitad ni lee una de sus líneas interiores. Sabe que el libro se vende y que, además, obrar así sería un insulto al esfuerzo intelectual del escritor. Un esfuerzo que él comprende muy bien y que admira. Sabe o intuye que no cualquiera puede escribir un libro, que se requiere mucha paciencia y mucha concentración, cientos de horas de aislamiento, pensando, formulando frases, reordenando textos, leyendo una y otra vez sus notas, detectando errores, corrigiendo, atrapando ideas, definiendo, trazando a sus personajes. En fin, lo sabe, porque él mismo lo ha intentado.

Para los malos lectores, los libros ocupan espacio y estorban; los rayan, anotan el teléfono de alguna chica; desgarran sus hojas, terminan en algún rincón olvidados o de plano en la basura. Ni siquiera pasa por sus mentes donarlos a alguna biblioteca escolar.

Pero el peor de los lectores es aquél que se convierte en tirano del libro, el que acecha el momento oportuno para quemarlos en nombre de la patria o creencias.

Un buen lector ateo, por ejemplo, leerá la Biblia en algún momento de su vida a pesar de no creer en Dios. Un buen lector religioso no dejará pasar los libros de Nietzsché. Pues doy por hecho que ambos, como buenos lectores, darán lectura positiva aunque sea para sí mismos.

Si alguna vez compra o le regalan un libro, léalo y, si éste no es digno de conservarlo en su casa, entonces, dónelo. Siempre habrá alguien que lo apreciará así como usted conserva sus libros predilectos.

¿Recuerda si alguna vez su hijo de primaria le pidió comprarle un libro? Si no lo hizo o no lo ha hecho este es un buen síntoma de que usted no sólo es un mal lector sino uno de los pésimos lectores. Y no culpe al trabajo ni a la falta de tiempo o al cansancio. No se convierta en tirano del libro ni haga que su hijo los repudie.

Si su hijo de primaria, secundaria o de plano su hijo adulto no gusta por la lectura a pesar de que usted se esforzó por darle “educación”, es porque jamás lo vio a usted entregado a un libro. ¿Cómo espera que su hijo haga la tarea si no es a regañadientes? ¿Y si a esto le aunamos la existencia de maestros que convierten los libros en “el coco”?

Los libros nos dan conocimiento, expanden nuestra imaginación y despiertan nuestra curiosidad. Estos tres son la fuente de la creatividad, y la creatividad es el principio de la innovación y el invento, elementos de los cuales no debemos privar al niño.

Un niño y cualquier persona, entre más culto más ambicioso. No hablo de la ambición del beneficio rápido ni la ambición del mediocre o la del envidioso. No hablo ni siquiera de la ambición al dinero. Un hombre culto jamás piensa en ganarse la lotería ni el reconocimiento. Un hombre culto piensa en innovar, en perfeccionar lo que hace y hacer algo nuevo con todo lo que sabe en beneficio de él y para los demás. Hacerse de las cosas ajenas jamás pasa por su mente. Un hombre culto no pretende convencer ni siquiera tener la razón. Es crítico y analiza las cosas. Jamás se le verá de intrigoso ni chismoso.

Los que no valoran los libros ni siquiera para sus hijos siempre será más barato el cartón de cerveza. ¿Cómo poder canalizar la energía y la educación de nuestros hijos a falta del conocimiento que nos dan los libros? ¿Cree usted que el hombre haya podido llegar hasta aquí sin los libros que registran los conocimientos matemáticos, los descubrimientos de la física, etc., que otros hombres escribieron? ¿Usted hubiese conocido la Biblia si ésta no hubiese sido escrita? ¿Cree que los descubrimientos sobre el Gen Humano se están dando sin la ayuda de libros, sin ningún apunte anterior? ¿O cree usted que el medicamento que está tomando para contrarrestar su enfermedad se dio de la nada, es decir, sin ningún conocimiento previo?

Reflexione. Mucho o poco de lo que usted sabe hoy proviene de hombres cuyos conocimientos dejaron impresos en libros. ¿A caso Dios no escribió en piedra los Diez Mandamientos para que usted los conociera?
No sea un tirano del libro. Compre por lo menos uno al año y si no está acostumbrado a la lectura porque le da sueño y flojera leer, entonces dónelo a alguna biblioteca escolar. Créame que habrá alguien en el anonimato que se lo agradecerá eternamente, menos su hijo…


Este texto fue publicado por vez primera el 22 de abril del 2008, en la revista CULTURAdoor.


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miércoles, 28 de abril de 2010

Libros sin combustible.

¡No dejes que tu libro muera dentro de ti!

Déjame ser honesto. Los libros no mueren por que sí… uno los mata. Sucede de muchas formas cuando no se les inyecta combustible. Es decir, a falta de conocimientos y una planeación correcta, tu libro muere. Con la planificación correcta y conocimientos suficientes, puedes escribir fácilmente tu mensaje y hacer que este perdure.

Lee más abajo y llena tu libro de combustible e inflama tu sueño de escribirlo esta vez. Aléjate un poco, sí, retírate un poco más… ahí puede está bien. Ahora, sueña, sueña un sueño grande. Un sueño después de tu libro. Claro, estás recibiendo ingresos constantes que crecen cada mes, haces exposiciones a grandes auditorios presentando tu libro que ha rebasado toda expectativa, tienes una gran demanda de ventas.

Sueña que te has convertido en un experto en tu campo y tus colegas que han leído tu libro reconocen tus méritos. Suben tus ganancias. Tus lectores de buena gana pagan el libro como uno de sus títulos preferidos.

¿Estás listo, entonces, para reanimar tu sueño?

Bien, pues aquí hay algunos errores que habrás de corregir antes y hacer que todos tus sueños del libro se realicen.

1. Fracaso de no planear correctamente un proyecto.
Si tu interés se centra a parte de escribir un libro en obtener ganancias, entonces debes pensar en tu libro como un producto que sacarás al mercado y como tal tiene que ser vendible. Así que el éxito en que este se venda se halla en el proyecto de mercadeo de tu libro, el cual debería incluir la descripción de tu libro y lo que harás después de que lo hayas terminado y publicado. También debe incluir al tipo de auditorio al que diriges tu obra. En resumen, el proyecto del libro es el plan de mercadeo orientado a obtener ganancias.

2. Fracaso al planear mal cómo tu libro será publicado.
Si eliges la autopublicación (de la que en otra ocasión hablaré) o una editorial tradicional te encontrarás con pros y contras. Cada una de ellas tiene sus ventajas y desventajas, las cuales debes evaluar de acuerdo a tus intereses. Si eres de los que persiguen una editorial tradicional para tu manuscrito, debes saber que tu libro debe ofrecer la capacidad de generar ventas directas. Generar ventas es el único objetivo y es éste objetivo de generar ganancias al ser publicado que debe convencer al editor tradicional. La oferta debe concentrarse en el tamaño y en el poder adquisitivo del mercado al que apunta, el problema que tu libro soluciona o cómo tu libro propone solucionar el problema, qué diferente es tu libro de otros ya publicados sobre la misma materia y cómo planeas tú mismo promover tu libro.

3. Fracaso de no incluir a un redactor en tu plan.
No tienes que escribir un libro de 350 páginas como tu colega para estar en lo correcto. Ni siquiera uno de 150 páginas. Hazlo corto. Qué tal uno de 100 páginas en el que incluyas sólo y exclusivamente toda tu información más profunda, tu sabiduría y tus experiencias. Logra acotar tus ejemplos en historias cortas en un libro corto. No tienes ninguna presión para añadir cada información que sepas sobre el tema. En cambio, si cuentas con demasiada información sobre el mismo tema, divide el material en dos libros objetivos. Tus clientes te amarán por ello. Ellos comprarán, seguramente, ambos libros porque son fáciles de leer, son sustanciales y, además, cortos.

4. Fracaso de no añadir el profesionalismo a tu plan.
Planea la forma de hacer tu manuscrito y no te reserves lo mejor del contenido para otra ocasión. El lector quiere leer al profesional así que lo que escribas debe estar escrito profesionalmente. No acudas sólo a tus amigos o familia con la intención de encontrarte errores de edición. ¡Contrata a un redactor! El redactor no sólo te ayudará con la gramática y la ortografía, también te ayudará mantener uniforme el estilo y el tiempo verbal. Cortará todas las oraciones que encuentre en voz pasiva que le quitan fuerza a tu libro y las convertirá a voz activa para darle potencia.

5. Fracaso al no añadir a tu auditorio en tu plan.
No todos estarán interesados en leer tu libro. Existe una comunidad de personas en tu campo que esperan solucionar un problema. ¿Qué problema les soluciona tu libro? Desarrolla un perfil de tu auditorio y consérvalo delante de ti mientras escribes, así estarás enfocado en el conjunto de personas para las cuales tú escribes pensando en solucionarles un problema. Es prescindible que conozcas previamente tu mercado antes de que comiences a escribir. Esto te ayudará a enfocar capítulos irresistibles. Escribir a una persona específica o a un grupo de personas con las mismas inquietudes o problemática, los mantendrá leyendo hasta el final del libro. Si escribes demasiado general, tus lectores pueden abandonar tu libro y nunca terminarlo de leer o, bien, terminarlo de leer con desgana y mascullar malas opiniones.

No lo aplaces más. Pon tu sueño en el anaquel, ahí donde todos los días lo mires. Si sigues esperando, terminarás por matar tu libro. El combustible se agota y el sueño de tu libro no se hará realidad. Tienes los conocimientos y la solución a un problema, es momento de ponerse a trabajar en un plan. Anota todo esto. Tu auditorio te espera.

Atiende los errores de arriba y escribe un buen libro que se venda bien. Hazlo diferente. Hazlo hablar. Hazlo tuyo.


Editor.

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viernes, 9 de abril de 2010

Nada qué decir

 Y vuelvo a caer otra vez en la estúpida reflexión sin fin: ¿Para qué escribir? De manera recurrente, hoy, ahora, emprendo el mismo inútil camino de siempre: El obsesivo camino de siempre. Voy al principio: ¿Por qué empecé a escribir? ¿Para que me leyeran? ¿Para recordar lo que discurría? ¿Para qué?

Nada que decir

De repente me quedé sin más que decir. No: Me estoy explicando mal. Tendría mucho que decir, mucho que relatar, tal vez; pero me pregunto: ¿Y para qué? ¿Y para quién? Entonces me digo, a mí mismo, que no quiero decir nada. No quiero hacer el esfuerzo de intentarlo. Me quedo mirando las cosas sobre mi escritorio y veo que el ratón está sucio. Me paro a buscar un trapito húmedo para limpiarlo. Mientras lo hago, veo el parque frente a mi ventana, completamente verde hacia fines del verano y recuerdo cuan azul se veía el jacarandá en primavera: ¿En qué minuto se cayeron sus flores?. Escribo todo esto, casi como un borrador. Quizás nadie, nunca, lo lea. 

Y vuelvo a caer otra vez en la estúpida reflexión sin fin: ¿Para qué escribir?. De manera recurrente, hoy, ahora, emprendo el mismo inútil camino de siempre: El obsesivo camino de siempre. Voy al principio: ¿Por qué empecé a escribir?; ¿Para que me leyeran?, ¿Para recordar lo que discurría? ¿Para qué?. En verdad no estoy muy seguro. Comencé a escribir lleno de pudor: Escribía porque me era necesario, quizás compulsivo, pero no para ser leído, sino para recordar, solo, escondido. Al recordarlo, lo veo casi onanista. Tal vez era el resultado de una compulsión masturbatoria del pensamiento, de la reflexión, de la imaginación. Al comienzo, escribía, escribía, escribía y cada tanto, volvía atrás y me releía. Al hacerlo sentía un goce fantástico, que con el tiempo fue decayendo. Me resultaba placentero leerme, pero quedaba insatisfecho, o incluso, frustrado. En ese momento perdí el pudor y comencé a buscar quien me leyera. Al decirlo parece haber un punto de quiebre, pero no es así: Economizo espacio. Fue un proceso gradual, hasta llegar a la instancia en que me fue necesario ser leído, y transitando por ese camino, llegó a ser necesario un sentido o un objetivo para escribir. Nunca lo he tenido claro: ¿Alguien sabe para qué practica una disciplina de arte? Yo no lo sé. Muchas veces he buscado esa respuesta. Muchas veces me di alguna. Nunca completa, nunca total, nunca definitiva.
Aquella pregunta, como el proceso de escribir, va erosionando en un lento devenir. ¿El arte se practica para uno mismo? ¿Para los otros? ¿Para ambos? ¿Para el propio arte?. Hay mas alternativas, quizás si sean infinitas. Hasta aquí, en lo que va de esta reflexión, podría decir que como el sexo, se comienza a practicar las artes como una autosatisfacción. Se pinta para uno mismo, se hace música para uno, se escribe para reflexionarse o para decirse, para autoamarse. Al madurar en la actividad, si es que se llega a madurar; la obra personal se deviene una entrega. A veces implica, puede significar, un profundo dolor, un íntimo reconocimiento, que deja a disposición del otro, el que escucha, el que lee, el que mira o toca, lo más íntimo y preciado de uno mismo. Pero aquí vienen las contraposiciones de conceptos, que nos llenan de confusión, de discusiones con nuestros pares, de profundos desacuerdos, hasta el punto en que se llega a dudar de uno mismo: De los propios por qué y para qué, más aún de los para quienes y cómos. He oído a alguna escritora decir que jamás se emociona cuando escribe, a otro, que escribe por el placer de crear, a uno más, que lo hace para promover sus ideas y combatir por ellas. 

Del camino recorrido hasta aquí, recuerdo cada etapa, con claridad. Recuerdo cómo disfrutaba escribiendo como ese niño que juega, a escondidas, a no ser descubierto en sus juegos maravillosos e íntimos. Tal vez buscando una estima personal o un conocimiento de uno mismo. Casi puedo ver las primeras cosas que escribí para otros, para que otros las leyeran: ¡Cuánta expectación! ¿Les gustará, así como a mí mismo me place lo que escribo? ¿Lo juzgarán pueril? ¿Sentirán alguna identificación con lo que razono y relato?. Así deseo que sea. Así se va haciendo casi un vicio, una necesidad imperiosa: Quiero que me lean, busco quien me lea, quiero atrapar a quien, a veces por descuido, me lee. Descubro que esto le sucede también a otros que escriben, pero no sólo a ellos: También le ocurre a quienes hacen música, a quienes pintan, al que actúa en teatro u otras escenas, al que hace cine, y creo que a todos. Pero no es fácil. Tal vez para quienes escribimos sea más difícil aún. El músico, compositor o ejecutante, entrega una obra de recepción colectiva y por formato cultural y social son muchos los que acceden a su obra sin proponérselo siquiera. Mientras espero, mientras camino o voy de viaje, escucho música y me dejo llevar de la oferta. Cuando estoy sólo me acompaño de la música, en fin; hasta cuando escribo, o leo, tantas veces lo hago con música: Cuántas otras cosas van con la música. El pintor, el escultor y otros plásticos, exponen su obra y muchas veces es vista al pasar y en su totalidad. Se la puede ignorar o apreciar, pero se la ve. Quienes escriben, suelen ser lectores: Creo. Incluso siendo así y leyendo, por lo tanto, con especial interés, me cuesta leer. Leer requiere un esfuerzo, una dedicación, que no es de absoluta necesidad en otros artes. Me ha sucedido estar conversando con un amigo músico, de diversas cosas, también de arte y también de literatura y música. Él instala en un reproductor lo último que está trabajando y es nuestro fondo, mientras conversamos. Yo no podría hacerlo leer mientras seguimos la conversación. En muchas ocasiones, cuando leo, me vence el cansancio: Sí. Así ha de sucederle a mis lectores, de seguro. Me ha sucedido, en este cansancio, que se me mezclan mis ensueños del dormitar, con la obra que leo, contaminando y falseando la lectura. Recuerdo haber discutido con un seguidor de Sabato, una escena de Abaddón el exterminador. Era una bellísima que ocurría en el Puente Alsina, en la que el mismo Sabato era joven y se tendía sobre un camastro con Agustina, a mirar el curso del riachuelo, la placidez los conducía al sexo, y el sexo a las confesiones. En esa instancia Sabato le dice: "Jamás fui feliz en París". "¿Y qué fumaste mientras lo leías?" me dijo el experto en Sabato. Lo miré extrañado mientras él sostenía una sonrisa burlona. "Esa escena no existe en Abaddón" sentencia. Le aseguré que sí. Tan seguro estaba, que lo insulté al negar su conocimiento del autor. Yo casi podía recordar la página donde aquella situación era descrita. Lo negó hasta el fin, hasta que me dijo: "Bien; tráeme el libro marcado en la página donde ocurre. Por ahora, pasemos a Sándor Márai". Recuerdo haber estado hasta el amanecer buscando el pasaje. Incluso copié el libro a texto de computador, con un reconocedor óptico de caracteres. Lo copié completo. Usé técnicas personales y ciertos programas de búsqueda temática y no había escena en el Puente Alsina. En el proceso desesperado de escarbar a Sabato, recordé que en ese entonces, cuando leía Abaddón el exterminador, encontré una versión magnífica de Susana Rinaldi sobre el tango El choclo, donde mezcla, virtuosa, París con Puente Alsina. A mi vez, cansado de la lectura, debo haber ensoñado a Sabato y Agustina, a París y el Puente Alsina, donde jamás habrá habido una cama, sino a penas un gavión y su mina, que yo escuchaba de fondo al dormitar. Son las dificultades que hacen difícil ser lector. Serlo requiere una disposición de voluntad necesaria. Tal vez por eso sea más difícil ser leído, que exhibir una muestra fotográfica, por ejemplo, o acceder al público con la música. 

Quizás la dificultad de ser leído nos cae sobre las espaldas mucho antes que la página blanca a la que muchos temen. Tal vez esta última sea una consecuencia de lo primero. Cuando se llega a creer que nadie está interesado en leer lo que se hace como una entrega, sin importar si es o no valioso, aunque uno siempre lo cree tal, o bien, que nadie valioso considera leíble lo que uno pare con tanto cariño, entonces cae en las manos de uno el peso enorme de la pantalla en blanco, sobre la que no se siente tener nada que derramar que valga una lágrima, una sonrisa, o una reflexión. Entonces veo el sarro en el ratón, las flores del viejo jacarandá del parque y limpio el lomo del animalito plástico con un paño húmedo durante muchos minutos, hasta que Susana deja de cantar "A pesar de todo". Así es que busco otra música, tal vez Lucho Gatica, Mercedes Soza, ahí donde canta "La Cigarra" y voy ya por el senderito que me saca de la escritura y me distrae en otras cosas. Puede ser que dé una vuelta por el parque para ver si hay otros jacarandás que aún tengan flores y me enrede en el nombre de las azucenas con su aroma profundo. Al volver ya es tarde, ya queda para mañana. 

No recuerdo, ya, por qué llegué a leer a alguien que escribía que esperaba ser descubierto por la industria editorial. Ese anhelo tan tonto e irreal me hizo sentir identificado. La trayectoria natural de todo artista tiene esa falsa lucecita al fondo del camino. ¿Acaso escribe uno para ser descubierto y masificado por la industria del arte? ¿Cuántas veces sumadas, o de a una, quienes me leen, ahora, habrán tenido esa discusión tan vana? A raíz de ella escribí hace tiempo un ensayo sobre el Epifenómeno; por ahí está en algún recoveco de la enorme red universal. A un extremo de la discusión está el intimismo, o al menos una postura a la que puedo llamar así, porque si se sostiene que se escribe para el arte, no debe ser la finalidad el gusto masivo que cultiva la industria editorial. Al extremar esta posición, cuando se escribe no se debería pensar en el lector, sino sólo en el arte. Ni siquiera en la belleza: Sólo arte. La belleza es belleza, no es arte. Puede ser utilizada o no en él, pero no es arte. ¿Entonces se escribe para mostrar una reflexión de autor? ¿Y si es así, es una reflexión íntima, poco compartible? Pienso que la reflexión es un camino a la verdad, aunque esta no exista, aunque el sendero al fin no conduzca a ella, pero surge de aquí, en todo caso, la pregunta: ¿La verdad que la reflexión busca, debe ser privada, no compartida? Y si la respuesta fuera: Sí; entonces el arte sería egoísta, o la verdad inútil y digresiva. El arte se habría quedado en esa situación inmadura, regresiva, onanista. Es un concepto demasiado Hessiano que no puedo aceptar. No entiendo a su Siddharta cuyo proceso, finalmente, lo conduce sólo sobre sí mismo y para sí mismo. Sólo el amor por Kamala es generoso y refleja una entrega. No obstante es visto, desde Hesse, por Siddharta como una digresión en su proceso, un error que se ha de superar. El hijo resulta una suerte de vicio que lo impulsa y resulta colateral al numen del proceso Hessiano de Siddharta. Tampoco me identifica el Lobo Estepario o su lema central: "esto es sólo para ti". Y sin embargo, esta idea promovida por Hermman Hesse no le resta un ápice de genialidad como escritor o como artista. Es que contra su dogma, Hesse es entrega y difusión, es lo contrario de su postura. Quizás él mismo sea más su Demian que su Siddharta. Pero no es el único: Otro gran intimista es Kafka, que llega al extremo de negar su obra: "Cuando muera quémalo todo" le dice a Max Brod. A la vez, en su "El Proceso", hacia la conclusión moral de la novela, en la catedral, le entrega al lector el relato de la puerta de la justicia: "Fue construida sólo para ti. Una vez que mueras la cerrare para siempre y podré irme" le dice el guardián de la puerta al campesino. 

En el otro extremo se encuentra tantos y tantos súper ventas sin contenido alguno, cuyo fin sólo es el éxito editorial. Pero pregunto: ¿Por qué cada uno, cuando escribe, en lo más íntimo siempre espera ese "ser descubierto"? Estoy convencido que nadie deja de albergar un secreto afán de éxito. Más aún, creo que el éxito editorial no resta arte a la obra, ¿o este se desvanece en Dostoievsky, o en Hesse, en Kafka, Tolstoi, García Márquez, Borges, Kundera, Melville, y tantos y tantos más? La negación al éxito editorial es una forma de inmadurez, es el Oskar Matzerath de Günter Grass, que se niega a crecer. O tal vez es una forma reactiva y rencorosa a la falta de reconocimiento. Tiendo a creer que quienes defienden que el arte no ha de ser público o masivo, basados en que lo masivo es comercial, escinden de modo vano los conceptos. Mucho de lo masivo, exitoso, súper vendido está vacío; pero no todo. El concepto inverso no es válido. No todo lo masivo carece de arte y tampoco todo lo íntimo lo es. Conozco mucha obra íntima que permanece íntima, no por una disposición íntima del autor, sino por carecer de valor. 

Al concluir, este es el gran problema: La falta de reconocimiento editorial, previo al enfrentamiento del mercado de la masa. Aquel ojo que juzga y acepta o rechaza ve principalmente lo comercial, porque es más abundante que lo artístico. Se agrega aquí lo que siempre subyace y nunca llega a tener una definición final, cuantificable: ¿Qué es arte y qué no lo es?. Más aun, el que escribe, cuando lo hace: ¿Quiere hacer arte, o sólo quiere entregarse al lector? Después de terminada la obra viene el juicio relativo a si es o no arte. El arte es algo abstracto, conceptual y elusivo. Quizás el arte más reúne una obra en conjunto que un escrito preciso. Creo que sólo Juan Rulfo ha podido hacer arte en una sola gran novela y un tomo magro de cuentos. Mucho antes que arte, en el escritor hay sólo talento y este casi siempre es un producto deseado por el mundo editorial. Después vienen las razones del escritor, la discusión de los por qué y más. Es decir, se escribe; yo al menos lo hago, para producir un regalo que se dona: ¡Nada más!. El escritor verdadero, el descubrible, escribe una obra invalorable, impagable. Ningún volumen de ventas podría pagar La Montaña Mágica o Los Buddenbrok, ni El Quijote o siquiera el mínimo y tierno Ladrón honrado de Dostoievsky. Son sólo regalos que se dan y dan y dan en el tiempo. Esa, creo, es la búsqueda del escritor. Ser descubierto, como deseaba aquel aficionado, es nada más la oportunidad de hacer inconmensurable el regalo. Hacerlo reverberar en su propio eco. 

Por cierto, la aceptación editorial, incluso antes del éxito, es parte del epifenómeno que rodea al arte, o la disciplina que busca serlo, pero a la vez es una forma de consagración que está en el camino de maduración del escritor, como lo es la galería para el pintor, o el escenario para el actor. En este sentido, los intimismos y purismos virginales o son absurdos o son disculpas que se comparte en cofradías secretas. El artista, y entre ellos el escritor, ignorado, muere como demiurgo: Se queda vacío porque necesita saberse recibido. A veces en el hogar de un desconocido se rechaza, por pudor, la hospitalidad ofrecida: "No. ¡Muchas gracias!. No quisiera molestar". Suele ser tanto más frecuente de lo creído, que ese rechazo es ofensivo para quien hace la oferta, más, le resulta doloroso; lo hace sentirse despreciado. Es tanto más doloroso no ser recibido que no recibir. 

En cuanto a mí, escribo como un jardinero, que va sembrando un parque donde ha de haber belleza, algo de exótico, no debe faltar la magia ni tampoco el cuidado y la dedicación. Como un jardín se requiere, muchas veces, más poda que siembra y más encanto que belleza. Pero como el jardinero, una vez creado el jardín: ¿Para que los senderitos?, el perfume de las flores: ¿Para qué?. ¿Por qué lugares donde nunca dejará de haber sol y luz, y otros donde los medios tonos de la sombra y el frío de la brisa sean un remanso para descansar?. Porque, como sea, el jardín por sí mismo no tiene valor alguno, casi ni siquiera existe sin quienes disfruten su paseo. Tal vez necesite un columpio y un balancín y huevos de chocolate en pascua de resurrección, mesas de té y laberintos de crataegus y bojs. El problema está cuando, por atraer al visitante se instala carruseles y calesitas, trenecitos y artificios electrónicos, caballitos pequeños de montar, jaulas de pajarotes y más. El arte está en algún lugar intermedio en una banda muy fina, más acá de la cual la obra no apela a nadie, a nada, y más allá de ella sólo apela al comercio. Por mi, sólo espero llegar a un lector como niño, que busca y encuentra la magia del huevo de chocolate, que guarda el recuerdo de la sorpresa y la nostalgia de los senderos y laberintos; ese que dialogó con mi monólogo y atesoró los descubrimientos hechos en el jardín. Sin embargo preferiría exceder el límite, a quedar en una intimidad forzosa y solitaria. 

Para eso se hace el mejor esfuerzo y aunque sabes que no es cierto, es casi siempre tu mejor parto; pares la mejor de tus obras y la pones en manos de tu más implacable juez. Entre todos los fracasos, éste quizás sea el peor de todos, este es el que enfrenta, por fin, a la verdad con uno mismo. Quizás sea como el gran espejo, donde te ves desnudo, con un sello en el pecho que muchas veces dice: No. Entonces sabes por qué nunca fuiste descubierto, amigo. Nunca lo serías. No era cuestión de embarrar a los que pasaban a tu vera sin descubrirte, ni de reunir a otros que tenían ese mismo sello y editar un protocolo que convierta una suma de fracasos en arte. Habría que mirar por esta ventana, el jardín cultivado y ver si las flores azules del jacarandá no decían, en sí mismas, nada, si quizás decía más el ratón sucio y el hombre solo que lo limpia con un trapito mojado, porque ya se quedó, por fin, frente a su espejo, sin nada que decir. O peor, con tanto que decir que no vale nada y se pregunta: ¿Y para qué? ¿Y para quién? y se responde, a sí mismo, que ya no quiere decir nada. 

Kepa Uriberri
Visita NaranjaPlátano

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lunes, 29 de marzo de 2010

La Grandeza del Azar


Como tal, Manuel Murrieta-Saldívar, autor de “La grandeza del azar: eurocrónicas desde París”, no necesita poseer a la capital francesa para lograr una autodefinición propia, solamente desea observarla y captarla. Su propósito no es conseguir la validación de la metrópoli porque el autor no la requiere.
 


Por Mía Lilly
—California State University, campus Stanislaus —

*Ponencia presentada en la conferencia de “The Mid-Atlantic Council of Latin American Studies”, John Hopkins University, Baltimore, Maryland, USA, marzo de 2010. Este ensayo es también el prólogo de la 2da edición, ya en circulación, producida por Editorial Orbis Press (marzo 2010). 

Ninguna otra ciudad ha proveído una destinación literaria tan consistente para Hispanoamérica que París. Esta ciudad ha sido invocada por escritores e intelectuales igual como metáfora de un amplio espectro de deseos y de diversas imágenes, como la vida de bohemia, el prestigio social, calles sensuales parisinas y la política revolucionaria (Schwartz, 1). Por mucho años, la cultura urbana, latinoamericana, designó a París como el centro cultural idealizado, hegemónico de la modernidad europea (Schwartz, 1). La mitificación de la gran urbe llegó a ser tan extensa, que el contacto con la ciudad misma se hizo problemático para muchos escritores (Jones, 14). Sin embargo, durante esta época, ningún autor realmente exploró a este problema, prefiriendo reproducir nociones bastantemente estandarizadas de los encantos o peligros de la metrópoli sin cuestionar su modelo (Jones, 15). No fue hasta mediados del siglo XX que los literatos latinoamericanos comenzaron a contestar abiertamente e insistentemente la complejidad que acompañaba al deseo de representar a un lugar que se había convertido tan común en el arte y en la literatura (Jones, 15). El estatus privilegiado de París y su imagen de jerarquía social y cultural se sometió al escrutinio.

Siguiendo los pasos de varios escritores latinoamericanos que habitaron a París, como Rubén Darío, Amado Nervo, Julio Cortázar y Carlos Fuentes, el periodista, escritor y editor mexicano, Manuel Murrieta Saldívar, se traslada a la capital francesa, encaminado por el azar, en su quinto libro. Murrieta, quien ha sido galardonado con el Premio Estatal de Periodismo por Crónica en Prensa y ha tomado primer lugar en tres ocasiones en el Concurso del Libro Sonorense, explora la imagen de la ciudad concebida en Latinoamérica y cuestiona esa creación, descontruyéndola en un terreno literario, lingüístico y social. La desconstrucción consiste en exponer cómo se ha formado esta urbe a partir de procesos históricos y acumulaciones metafóricas, mostrando que lo axiomático dista de serlo. En otras palabras, “la desconstrucción revisa y disuelve el canon en una negación absoluta de significado” (Ribadeniera, 1). El propósito de este ensayo es demostrar cómo Murrieta retoma el París letrado de sus antecesores y lo desconstruye a través de la crónica, presentando una novísima visión de la ciudad en La grandeza del azar: eurocrónicas desde París, publicada en 2006 en su primera edición y ahora en su segunda edición (2010).

Mas información en la publicación Culturadoor...


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martes, 23 de marzo de 2010

Rivera Letelier: “No sé nada de literatura, yo escribo”

Rivera Letelier: “No sé nada de literatura, yo escribo”

Hernán Rivera Letelier, ganador del premio Alfaguara de Novela 
2010. Foto cortesía: alfaguara.santillana.es
Rivera Letelier ganó el Premio Alfaguara con su novela El arte de la resurrección.
"Cambió la tranquilidad. No me he podido tomar mi taza de té acostumbrada de las cinco de la tarde. Pero bueno son los sacrificios que hay que hacer". Con ironía, Hernán Rivera Letelier, ganador del XIII Premio Alfaguara de Novela por El arte de la resurrección, cuenta qué pasó luego de enterarse de la noticia.
Con ironía, porque este chileno de 50 años sabe lo que son los sacrificios. Durante cuarenta y cinco años sufrió las exigencias del desierto de Atacama, el lugar donde se crió, donde durante 30 años trabajó como minero y donde se forjó como escritor.
Las andanzas de un predicador que se cree reencarnado en Cristo en el desierto chileno en las primeras décadas del siglo XX, narradas en tono de realismo mágico, lo llevaron a embolsarse US$175.000 y una escultura.
Un premio que no desestima, pero coloca en el lugar que cree indicado.
"Más que el dinero, lo importante es que mi obra la van a leer más personas y en el fondo lo que uno busca cuando escribe es que lo lean", le dice a BBC Mundo desde Antofagasta.
Y explica que el premio le va a sacar tiempo: "Voy a tener que dar muchas entrevistas, conferencias, viajar mucho, le va a quitar tiempo a mi ocio. Yo soy en verdad un ocioso. Yo no hago nada más que leer, escribir y hacer el amor".
clic Lea: Escritor chileno gana Premio Alfaguara

Entre la convicción y la sorpresa

Rivera Letelier cuenta que cuando se sienta a escribir una novela lo hace "pensando que es mi obra maestra, sino no me sentaría a escribirla. Y cuando envío una novela a un premio, la envío con la convicción absoluta de que esa novela gana".
Esa convicción, que estuvo presente cuando mandó la copia bajo el seudónimo Manuel Madero, desapareció el lunes a las ocho y media de la mañana. "Cuando me dijeron que gané no lo podía creer", cuenta entre risas el escritor, ya galardonado por otras obras.
En mi escritura nada es consciente. No soy un teórico soy un práctico. No sé nada de literatura, yo sencillamente escribo. No soy un intelectual, los intelectuales trabajan a base de ideas y conceptos. Yo trabajo a base de intuición, imaginación, memoria… los intelectuales creen en lo que escriben, en sus títulos, en sus master. Yo no creo en lo que escribo, yo tengo fe en lo que escribo”. Y lo dice de forma convencidamente humilde
Hernán Rivera Letelier, escritor chileno
El jurado –presidido por el escritor y periodista valenciano Manuel Vicent– destacó el "aliento y la fuerza narrativa de la novela, así como la creación de una geografía personal a través del humor, el surrealismo y la tragedia".
Todos elementos que se plasmaron en el papel de forma inconsciente, reconoce el escritor.
"En mi escritura nada es consciente. No soy un teórico soy un práctico. No sé nada de literatura, yo sencillamente escribo. No soy un intelectual, los intelectuales trabajan a base de ideas y conceptos. Yo trabajo a base de intuición, imaginación, memoria… los intelectuales creen en lo que escriben, en sus títulos, en sus master. Yo no creo en lo que escribo, yo tengo fe en lo que escribo". Y lo dice de forma humilde.
Una humildad forjada por la aridez del desierto y la rudeza de la mina. Una etapa de su vida -la de los 30 años como minero- que le dejó como legado a sus "amigos, arrugas en la cara y un porcentaje de tierra en mis pulmones".
"Y me queda también un recuerdo muy lindo de ese desierto, que fue donde me críe, donde trabajé 30 años como un obrero, pasé peripecias increíbles, y me sirvió mucho para forjarme como escritor y como hombre".

La enseñanza del desierto

"De no haber vivido los 45 años que viví en ese desierto, no sería un escritor. El desierto me enseñó a conocerme a mí mismo, a estar conmigo mismo, que es fundamental para escribir", asegura.
Y el desierto está presente en El arte de la resurreción, una novela que el autor define como "la historia de un iluminado, un hombre que aparece diciendo que es la reencarnación de Cristo en su segunda venida, que aparece en el valle del Elqui, vestido como Cristo".

Premio Alfaguara

  • El premio Alfaguara de Novela se entrega a una obra inédita escrita en castellano.
  • La obra ganadora de la décimo tercer edición del premio Alfagura de Novela fue escogida entre seis novelas por el jurado.
  • Las seis últimas obras habían sido seleccionadas de un total de 539 manuscritos.
"Era un semianalfabeto pero apareció predicando, haciendo milagros, bendiciendo, bautizando, y cuando hablaba la gente quedaba oyéndolo con la boca abierta. Es la historia de este personaje en el desierto de Atacama en busca de una puta beata".
El personaje Domingo Zárate ya había estado presente en otros libros de Rivera Letelier. Apareció en su primera obra, La Reina Isabel cantaba rancheras (1994), en Los trenes se van al purgatorio (2000) y en Mi nombre es Malarrosa (2008).
"Y cuando apareció por tercera vez me di cuenta en verdad que el Cristo me venía persiguiendo hacía 15 años para que contara su historia. Y tuve que hacerlo. Tuve que sentarme, y cantarla y contarla", le explica a BBC Mundo.
¿Qué tanto hay de Rivera Letelier en el personaje? "El Cristo tiene mucho de mí. Yo me crié en un hogar con padres evangélicos. Mi papá, que también era un minero analfabeto, era un pastor evangélico y salía a predicar a las calles y me llevaba a que lo acompañara, siendo un niño yo".
"Y cuando predicaba la gente se quedaba oyendo fascinada. Entonces ése es un mundo que yo conozco por dentro. Y creo que yo era el más indicado para contar y cantar la historia de este Cristo. La prédica de mi padre fue fundamental. Yo me crié con la Biblia en mi almohada. Entonces el lenguaje que se precisaba para contar esta historia estaba en mis genes", agrega.
Dice que esta novela es lo mejor que ha hecho, "hasta el momento". Pues no demora en aclarar: "Porque estoy empezando otra que creo va a ser mucho mejor que ésta".


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miércoles, 3 de marzo de 2010

Recupere Sus Prioridades - Libro



 



NUESTRA MÁS RECIENTE PUBLICACIÓN

 
Recupere Sus Prioridades De Isabela Ramírez


¿Te has sentido abrumado alguna vez? ¿Sientes que no puedes alcanzar tus objetivos por más que lo intentas? ¿Crees merecer una mejor calidad de vida? Entonces, este libro es para ti.

¡Recupere Sus Prioridades!

Isabela Ramírez, autora de este libro, te incita ante todo a recuperar tus prioridades y te propone un método para lograrlo de una manera fácil y sencilla.
No es un libro de auto-ayuda, ni siquiera un libro de auto-motivación. Es un libro que sin siquiera interrogarte, te hará descubrir respuestas importantes para ti. Y lo más sorprendente aún es que siempre las has sabido. 

Isabela Ramírez, en su magnífica obra, no intenta abarcarlo todo pero tampoco deja nada al aire. Está consciente de que "cada cabeza es un mundo"  y las prioridades de cada quien son tan vastas como diversas. 

Por tanto, no aborda cuestiones en particular y tampoco te ofrece un recetario de cómo solucionar cada una de ellas. No, ella no te dice cómo solucionar esto o aquello, ni siquiera te motiva a hacerlo.

Lo que hace es llevarte frente a dos caminos: Uno que va en la dirección incierta que siempre has tomado y, el otro, a donde te llevarán tus prioridades. 

Pero antes, ha de darte un vuelco, una sacudida; luego, te tomará de la mano y te colocará en el camino correcto, el camino de tus prioridades. Te sorprenderás al descubrir que ese camino siempre ha estado delante de tus ojos, siempre lo has conocido, pero por alguna razón, nunca lo has caminado.

¿Por qué no lo habías visto antes? Porque siempre te has preguntado "cómo" lograr lo que quieres –dice la autora–, antes que responderte "por qué" lo quieres. La respuesta para develar tus prioridades está en el "Por qué" quiero esto o aquello, y no en el "Cómo" puedo obtenerlo. Si hallas la respuesta al "Por qué", entonces, el  "Cómo" vendrá solito a ti.

Pero advierte, si la respuesta al "Por qué" no es completamente honesta, volverás a los mismos hábitos indeseables que te hacen llevar una vida incompleta e insatisfecha.

Practique, antes de juzgarlo, el sencillísimo método que hallarás al final del libro para recuperar tus prioridades. 

"Le garantizo que si su deseo de mejorar su calidad de vida es tan grande, tanto que arde en su pecho, pronto verá resultados favorables." –concluye la autora.



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domingo, 28 de febrero de 2010

Escribir Para Ser famoso y rico



 
Escribir Para Ser famoso y rico.

 
¿Cómo ser famoso y rico escribiendo un libro? Esta pregunta me patea. Existen en internet páginas que te dicen cómo, e incluso ¡cómo hacerlo fácilmente en 5 días! Ésta es mi respuesta, tan floja como la misma pregunta.

Sí, pues, ¿cómo voy a saberlo? Me hacen la pregunta como si: a) Yo lo fuera; y, b) Suponiendo que lo fuera, ¿cómo poder explicar el cómo sucedió?

Primero, la persona que lo pregunta asume, de hecho, que la escritura es un modo bueno de enriquecerse.

No estoy seguro cómo se haga ni cómo se comience a escribir. Los logros más creativos siempre han tenido menos que un estilo de vida lucrativo.

Si los libros que has leído han sido sólo éxitos de librería (bestsellers), entonces no tienes idea del mundo de la publicación. Por otra parte, el hecho de que un libro se venda bien, no tiene absolutamente nada qué ver con qué tan bueno sea.

En los países de mayor producción anual de libros como Estados Unidos, son pocos los títulos que se venden arriba de unas miles de copias.

En realidad, no existe nada que justifique tu esfuerzo, excepto tus propios motivos para escribir un buen libro, muy independiente de los beneficios económicos que puedas obtener con él (que bien pueden ser nulos o millones) Así que antes de preocuparte en hacer un libro para ganar millones, preocúpate primero por escribirlo bien.

¿Desalentado?

Bueno. Aquí te doy mi aspecto positivo: amo escribir libros. Amo leer libros. Amo la noción entera de que puedo arreglar cosas en mi mente y luego hacerlos verdaderos en una página, por placer personal o utilidad de alguien más. Sólo esto es lo que impone.

Si te gusta escribir, si disfrutas el agridulce de arreglar palabras en oraciones, entonces, puedes amar escribir libros, a pesar de o debido a todo lo que he dicho más arriba.

De ser así, consigue trabajar, ahora. Y quizá, lo que escribas, te hará famoso y rico.
 
El Editor


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Cómo Ser Publicado


Cómo Ser Publicado.

 
Para los que se preguntan cómo se le hace para encontrar a un editor, creo que olvidan que existen librerías en donde pueden tomar un libro cualquiera y anotar la dirección de la editorial que publicó el libro; también olvida la existencia de un directorio telefónico como la Sección Amarilla; y en última instancia, creo que aún no se han enterado de la existencia de Internet y los motores de búsqueda para localizar alguno.

El mercado de escritores, literalmente, ha empezado a ayudar a los escritores a encontrar editores. Muchos editores, siendo positivo en la idea entera de la comunicación, ponen la información en su sitio Web de cómo el escritor debe presentar el material. La magnífica comedia es que pocos escritores siguen las instrucciones, lo cual conduce a los redactores a desestimar de entrada, el "esfuerzo" del escritor. Pocos escritores hacen realmente su tarea. 

El punto de fricción para el autor que quiere ser publicado es, otra vez, el esfuerzo. Quieren oír algún secreto que se salte las partes difíciles. Desafortunadamente, no existe ningún secreto ni pócima para ello. O te esfuerzas o te esfuerzas si es que quieres en realidad ser publicado.

Los grandes editores son en forma legítima: melindrosos. Diariamente reciben astronómicas propuestas.

Para llegar a ellos requiere, otra vez, esfuerzo, para aprender cómo tocan las cuerdas, enviar preguntas elegantes, y hacer la investigación requerida tanto para trabajar la idea del libro como para luego proponerlo con eficacia.
 
De hecho, el "escritor" que no quiere hacer su trabajo para ser publicado, realmente, tiene pocas probabilidades de ser capaz de cubrir los requerimientos para terminar un manuscrito decente. Es un "escritor" que en realidad no desea ser escritor, debido a su propensión a rechazar el esfuerzo que su mismo manuscrito le exige.

Se dice que es más fácil autopublicar un libro hoy en día de lo que alguna vez fue. Pero otra vez, si quieres presentar un libro decente, también tendrás que desempeñar un esfuerzo decente.
 
Todo es cuestión de esfuerzo. Al esforzarte se te irán descubriendo los secretos de cómo otros autores publicaron sus libros.

 
El Editor
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Cómo escribir un libro – El Esfuerzo


Cómo escribir un libro – El Esfuerzo

 
Es una pregunta simple, pero causa problemas inesperados y se convierte en algo muy complejo de explicar en una sola sentada o frente a una taza de café. 

Es agradable, por supuesto, que a uno como autor le hagan esta pregunta. La gente es curiosa frente a un escritor y eso se siente bien, pero por otro lado hay que estar atentos a la adulación o bien, para esquivar las pedradas.

Pienso que quien la elabora con toda la honestidad es porque está interesado en escribir un libro y cuenta, por lo menos, con alguna ligera noción.

¿Cómo poder ayudarlo? Respecto a cómo escribir un libro es un tema tan viejo y tan abordado por tantas personas famosas y expertas, que cuando se me hace esta pregunta, con la intención seria de descubrir el secreto dentro de mi pequeño cerebro y mi limitada experiencia en la escritura, me cuesta trabajo poder responderla con seriedad (no confundir seriedad con honestidad)

En realidad, interpreto la pregunta como si el que la elabora quisiera obtener un permiso para atreverse a escribir. Y lo cierto es que nadie necesita ninguna autorización. No se requiere ninguna licencia ni pasar examen alguno para hacerlo. Así que le digo que cualquiera puede escribir un libro, porque, verdaderamente, supongo, es lo que realmente quiere oír. 

La escritura, a diferencia de la publicación, no necesita ningún recurso financiero. Una pluma, papel y el esfuerzo son todo lo que se ha requerido durante cientos de años.

Si Voltaire y el Marqués de Sade pudieron escribir en la prisión, cual más, entonces, podrá hacerlo en su barrio o residencia, en el almuerzo, en el trabajo o después de que los niños se vayan a dormir.

Si realmente tú quieres escribir un libro, primero mata la magia. En primer lugar, un libro es sólo un manojo de texto. Cualquiera puede escribir un libro, el cual podría terminar siendo un sorbete o ser incomprensible, pero aún así es todavía un libro. 

Nada te detiene para coleccionar ahora mismo todas aquellas notas de tus clases de primaria, los textos reservados en tu diario o tus garabatos puestos en servilletas; luego los pones todos juntos, les pones tapas y un título. ¡Y listo! Te has licenciado como autor. Bien, ya tienes un libro de tu autoría.

¡Ah! ¡Lo que tú quieres es escribir un buen libro, realmente!

Muy bien, pero debes entonces colocarte en la fila de los pro-autores que todavía tratamos de entender cómo se escribe un buen libro.

Esta es mi respuesta, real, corta y honesta: escribir un buen libro comparado con uno malo, implica sólo y exclusivamente una cosa: ¡Esfuerzo!

Nadie quiere escuchar esta palabra, en realidad, tratándose de escritores principiantes. Si ahora mismo tomas dos libros de algún anaquel, apuesto mis pantalones que el autor del mejor libro se esforzó mucho más que el autor del otro.

¡Esfuerzo, trabajo, pasión, estudio, práctica, dedicación, constancia, amor, etcétera! Llámalo como quieras. Seguro es que hay bromas aquí y allá, pero realmente escribir es algo que requiere esfuerzo.

   
El Editor

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jueves, 10 de diciembre de 2009

Heriberto Frías – Breve Biografía

Heriberto Frías – Breve Biografía


Nace en Querétaro en 1880 y muere en la ciudad de México en 1925. Personaje mexicano, realizador de ensayos, cuentos y novelas, militar y periodista. Iniciador de la novela de la Revolución Mexicana.

Entra al ejército a los 19 años en pleno apogeo del Porfiriato y participa en el aplastamiento de la Rebelión de Tomochi, la cual dejó honda huella y de mala vibra en Frías, ya que el levantamiento en armas de los indígenas rarámuris fue a causa de la expropiación de sus tierras y concesionadas a empresas extranjeras, así como la adopción de una santa no católica como patrona del pueblo.
Su sentir lo dejaría plasmado en la novela Tomóchic, publicada en entregas y sin su nombre en el efímero periódico El Demócrata (1893-1895). A pesar de la publicación anónima, el ejército descubrió su autoría llevándolo a un consejo de guerra y expulsado del ejército mexicano.
Se dedica, entonces, al periodismo y a la crítica social y es encarcelado de nuevo por reeditarse Tomóchic.
Frías se une a la lucha contra el régimen de Porfírio Díaz al sonido de Madero. Ocupa distintos puestos en los gobiernos revolucionarios y posrevolucionarios.
Al golpe de estado de Victoriano Huerta, Frías se instala en Hermosillo, Sonora, donde es editor del diario La Voz de Sonora. Al triunfo del gobierno convencionista es nombrado subsecretario de Relaciones Exteriores en 1915. Pero al triunfo de Carranza es condenado a muerte y se exilió de México hasta que Obregón obtuvo la presidencia nombrándolo cónsul de México en España.
Tiene en su haber varios ensayos, cuentos y novelas.

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martes, 20 de octubre de 2009

Boletín 001

Enviar correo de suscripción
Boletín Informativo y Promocional 001

22 de octubre del 2009
Planes Integrales
Servicios al Escritor


Este es nuestro primer boletín informativo y promocional, a través del cual queremos agradecer sinceramente a todos los que no únicamente se han registrado sino también aquellos que nos han enviado sus textos o comentarios.

Todo el equipo de Editorial Atreyo, nos encontramos contentos porque, siendo honestos, no esperábamos tanta participación inmediata de la comunidad virtual.

Esta respuesta nos da alicientes para continuar esforzándonos en nuestro proyecto.

También queremos informar que ya hemos recibido la confianza de dos escritores para ocuparnos de sus obras que muy pronto pondremos a la venta al público en general. Dos primeras obras que colocaremos en nuestro catálogo y que confiamos marcarán el inicio de una gran producción literaria.

Los invitamos a continuar colaborando con nosotros para continuar abriéndole las puertas a la Cultura.

La Editorial.
Juan Rulfo – Biografía. Uno de los escritores mexicanos más queridos a nivel mundial.
Borges y el Che – El Che no murió en Bolivia… todo fue un montaje.
El Disparate – Opinión

Muchos escritores evitan el relato humorístico

San Jordi y la Hija del Dragón – Cuento Infantil

Una delicada tarde del mes de abril, según el calendario del romano César, y bajo el auspicio de cambio de las fases lunares y los planetas, descendí con la luz del sol

Medidas para evitar el fraude de editoriales a los escritores.

Todos los TT.JJ. piensan igual y tienen las mismas respuestas.

El Código Nazi – Libro

Yolanda Bautista. Veracruz, México, le recomienda este libro.


Calendario de Ferias de Libros.



Poeta cubano Premio "Juan Rulfo" correspondiente al año 2002.
Opina, critica, promueve, sugiere, informa todo sobre libros, escritores, experiencias literarias, eventos, presentaciones, publicaciones, biografías. Promuévete a ti mismo. El Blog de Atreyo es un lugar de encuentro para los amantes de las letras.



Los sabios hablan porque tienen algo que decir. Los tontos hablan porque tienen que decir algo (Platón)

En estos tiempos se necesita mucho ingenio para cometer un pecado original (Anónimo)