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viernes, 30 de septiembre de 2011

La tilde y su eliminación

"Mis pelos se erizaron y la sangre fluyó directito a mis manos imaginando su cuello. Afortunadamente y después de un trance de histeria, todo se aclaró. Digo, por cosas menos insignificantes a una tilde se han cometido homicidios."

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La tilde y su eliminación

Por Anselmo Bautista



Parece ser caso menor y sin mayores consecuencias el hecho de que la Real Academia Española haya eliminado la tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos incluso en caso de posible ambigüedad, tal y como aparece en la edición 2010 de la Ortografía de la lengua española.

El hecho es que hace unos días, por accidente miré el Facebook de mi esposa (lo dejó abierto, yo no lo abrí), donde un tal por cual le envió un mensaje diciéndole únicamente:

Estaré solo mañana.

Mis pelos se erizaron y la sangre fluyó directito a mis manos imaginando su cuello. Afortunadamente y después de un trance de histeria, todo se aclaró. Digo, por cosas menos insignificantes a una tilde se han cometido homicidios.

Bien, para la RAE fue cosa banal eliminar la tilde ya que así como a muchos a mi esposa también le gusta tildar o no las palabras que se le antojan.

Sobre esta medida hay escritores, como Antonio Ungar, que defienden el dinamismo lingüístico, y que consideran los últimos cambios ortográficos por la Academia como muy menores, casi insignificantes.
Sí, tan insignificantes que a mi esposa casi le cuesta una serie de espléndidas bofetadas.

¿Por qué la RAE eliminó la tilde?

Parte de su argumentación es:

“Las posibles ambigüedades pueden resolverse casi siempre por el propio contexto comunicativo (lingüístico o extralingüístico), en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones interpretativas. Los casos reales en los que se produce una ambigüedad que el contexto comunicativo no es capaz de despejar son raros y rebuscados, y siempre pueden evitarse por otros medios, como el empleo de sinónimos (solamente o únicamente, en el caso del adverbio solo), una puntuación adecuada, la inclusión de algún elemento que impida el doble sentido o un cambio en el orden de palabras que fuerce una única interpretación.”

Es verdad que las posibles ambigüedades se resuelven casi siempre en la interpretación del contexto (no hay problema, se acepta)
Es verdad que el contexto no siempre aclara las ambigüedades que se producen, pero son cosa rara (no hay problema, se acepta)
Para evitar la ambigüedad como en el caso anterior de Estaré solo mañana en lugar de Estaré sólo mañana, la RAE sugiere incluir otro elemento que evite la confusión, impida el doble sentido o cambiar el orden de las palabras que fuerce una única interpretación.

Permítanme reír a carcajadas y lo hago como esquizofrénico pero es que aún me acuerdo cómo estuve a punto de colgar a mi esposa de un puente por falta de una tilde.

¿Qué sugiere la RAE con el último punto?

Dice: No pongas la tilde pero si no quieres ser mal interpretado debes ampliar la oración de tal forma que no exista ambigüedad ni la posibilidad del doble sentido o equivocada interpretación.

Y yo diría: Carajos, ponle la tilde y déjate de chingaderas que es más rápido y práctico, y tal vez te evites una buena golpiza.

Los escritores nos basamos en las reglas de ortografía que la RAE establece como normatividad en el uso del lenguaje escrito, y ciertamente los cambios dinámicos del lenguaje lo enriquecen, si no fuera así aún estaríamos hablando en latín. Pero hay otros cambios, como es la eliminación de la tilde, que en mi opinión, empobrecen el lenguaje escrito.

Aunque el español, por su estructura, nos facilita las cosas para expresar una idea de muy diversas maneras, en el mundo coloquial y sin tanta exigencia de un texto bien escrito, se cae con suma facilidad en estas ambigüedades por falta de una tilde. Más aún con esta nueva medida, los textos literarios o de más exigencia gramatical, desciende al mundo coloquial.

El hecho de que el lenguaje sea evolutivo no significa que tienda al empobrecimiento ni que se asuma como correctas las faltas ortográficas sólo porque son de uso común entre la población.

Hay de cierto distintas formas y medios de comunicarse pero cada tiene su propio código de entendimiento y sus reglas; pongo como ejemplo: las señales de humo, el telégrafo y mensajes de texto por celulares. Ninguna de las tres requiere de la tilde pero si has de transcribirlas al papel tendrás que hacerlo correctamente para evitar las ambigüedades.

De todo esto se resume que tienes que aprender a escribir correctamente, te guste o no.







Editamos, publicamos y promovemos tu libro.



jueves, 29 de septiembre de 2011

Literatura y Artes Marciales


 
Literatura y Artes Marciales

Por Anselmo Bautista


Le debo mucho a las artes marciales. Todo comenzó a mis doce años cuando mi hermano llegó un día a casa haciendo movimientos extraños. ¡Alzheimer!, exclamé. No, nada de eso. Venía presumiendo su primer día de entrenamiento de Kung Fu Wu Shu. ¿Qué es eso?, le pregunté.

-Bruce Lee -articuló exactamente como se lee, e inmediatamente hizo un chillido de gatomontés o tigre o algo así acompañado de un movimiento extraño.

http://deportesinquimica.blogspot.com/2011/05/entreanmiento-especifico-para-artes.html
Me inscribió en el dojo del maestro Shu Mint (así dijo llamarse, pero era más mexicano que el nopal). Desde entonces las artes marciales fueron mi pasión y Bruce Lee (pronúnciese Brus Li) formó parte fundamental de la decoración de mi cuarto con sus emblemáticos posters. No tuve nada más motivante de autosuperación personal que esos posters.

Meses después de entrenamiento y practicando con mi hermano, a éste se le pasó la mano (más bien se le pasó el pie porque me ladeó la quijada de una patada) Fue el primer golpe que “sin querer“ recibí en mi vida, porque ya varias peleas nada exitosas en la secundaria había yo tenido.

El segundo golpe (el tercero y varios más) lo recibí de mis propios chakos de tubo sólido, pero no los abandoné hasta dominarlos.

Aclaro que no practiqué artes marciales para romperle el hocico al primero que se me pusiera en frente, sino como una disciplina (tal y como lo promete el deporte para adquirir equilibrio, armonía, salud y todo lo demás). He sido enemigo de los enfrentamientos cuerpo a cuerpo, aunque muchas veces me he visto obligado a acudir al último recurso de resolver el conflicto con el puño cerrado. Y es que (usted no me dejará mentir) hay quienes necesitan sangrar por la boca para dejar de estar jorobando.

Lo que nunca entendí ni lo comprenderé jamás es cómo ciertas disciplinas o, mejor dicho, ciertos practicantes marciales tienen ese mal gusto por demostrar su poder rompiendo una tabla de madera o cierto número de ladrillos. Las artes marciales (tengo entendido) fueron creadas con el único propósito de defensa personal y no como iniciador del ataque. Romper una tabla es atacar a una tabla (aunque sea un objeto inanimado). Y como dijera mi sensei en Operación Dragón: las tablas no devuelven el golpe. Así que romper tablas me parece un absurdo.

La incongruencia de estos individuos exhibicionistas no está sólo en atacar el objeto sino también en hacerlo con distintas partes del cuerpo, entre ellas la cabeza. Si yo quisiera romper una tabla o una roca, agarraría el instrumento adecuado como un serrucho o un mazo respectivamente, y sólo, tan sólo, si hubiese necesidad de ello, pero jamás directamente con mi cabeza porque ésta fue hecha para pensar y no para darse de topes contra objetos sólidos.

Que tal disciplina exige fortalecer los músculos es verdad. Pero también exige elasticidad, velocidad, meditación y también, como dijera el maestro Kalimán, serenidad y paciencia. No sólo es un deporte, sino un estilo de vida para quienes han asimilado sus atributos.

Las armas, esas armas de las distintas artes marciales, tan generosas y enigmáticas que funcionan como una extensión de nuestro cuerpo: los chakos, las daga de tres puntas, los shuriken, la pértiga, entre tantos otros y, por supuesto, la katana como símbolo de dominio y control de sí mismo, exigen una constante práctica de años conjuntamente con la evolución de movimientos corporales cada vez más complejos para poder dominarlos. Para eso están las llamadas Katas, aunque no todas funcionen en su totalidad.

Las películas de este género siempre me han fascinado. No por su guión cinematográfico sino por el desarrollo de sus peleas: algunas cercanas a lo posible y otras de corte místico. Existen aquellas donde el protagonista se mueve de tal forma que me hace suponer que Bruce Lee (frente a él) era un reumático.

No puedo imaginarme cómo serían las artes marciales hoy en día si Bruce Lee existiera. ¿Tendríamos más de sus aburridas películas o a un sifu recorriendo el mundo demostrando lo infalible de su Jeet Kune Do y su golpe de media pulgada? ¿O sería un ser discreto como su maestro Yip Man, el hombre que le enseñó Wing Chun? ¿Lo hubiese conocido personalmente como conocí al hoy en vida Jackie Chan a quien tuve el honor de estrecharle la mano muy a la mexicana en la ciudad de Xalapa, Veracruz?

Sin duda alguna, estos conocidos personajes, para llegar al conocimiento de su disciplina les tomó toda la vida, y si Yip Man y Bruce Lee aún vivieran seguramente seguirían aprendiendo, descubriendo nuevas potencialidades, desarrollando nuevas técnicas y guiando al resto por el sendero del conocimiento.

La única sabiduría útil como defensa personal que he podido extraer de todo mi entrenamiento es que ante el peligro de una severa golpiza no hay mejor defensa que salir corriendo a todo lo que den las piernas. De este modo es que las artes marciales me han salvado más de una vez.

Nunca quise lastimar a nadie pero tampoco quise que me lastimaran. Odio lastimar pero también odio que me lastimen. No niego, ni entra a discusión, los placeres que se experimentan al desfigurarle el rostro a alguien pero sólo, tan sólo cuando la medida llega al extremo, cuando la gota ha derramado el vaso, cuando a tu alrededor ya no hay otra salida razonable, cuando alguien te ha orillado a ello traspasando el umbral de lo soportable y que sin saberlo te pide a gritos: ¡golpéame!

¿Pero a qué viene todo esto de las artes marciales en un blog como éste orientado a los nuevos escritores y a sus creaciones?
Estimado y futuro escritor:

  • ·         No agredas, ni des opinión ofensiva a aquel que también escribe.
  • ·         Tu disciplina es la escritura y tu aprendizaje y entrenamiento durará toda tu vida.
  • ·         Tus armas marciales son el lápiz y el papel, debes aprender a dominarlos y hacerlos parte de ti como una extensión de tu cuerpo. Y no dudes que de vez en cuando recibirás algunos catorrazos.
  • ·         Practica las katas de los maestros, no todas te servirán pero apréndelas para extraer lo mejor de cada una y así desarrollar tu propio modo de práctica, tus propias katas y tu propio estilo.
  • ·         Huye del peligro, corre todo lo que puedas para no aturdirte de las opiniones y críticas malaleche, como tampoco de los halagos y los aplausos sin sentido.
  • ·         No combatas cuerpo a cuerpo con los que te rodean, no sea que lastimes a alguien o salgas lastimado. Entiende que en esta disciplina no tienes enemigos. Entiende que habrá practicantes más avanzados que tú y practicantes que apenas comienzan.
  • ·         Ayuda al que te lo pide y atiende la experiencia del que te aventaja.
  • ·         Muestra lo que sabes para que otros te corrijan, para que otros aprendan de ti y para que tú avances y madures.
  • ·         Así como la katana, la pluma puede ser un arma mortal; todo dependerá del servicio que le des.
  • ·         Recuerda que para lograr un golpe certero se requiere paciencia, tiempo, pero sobre todo, mucha práctica.
  • ·         Las artes marciales y la literatura danzan sobre acordes complejos y movimientos extraños, a veces tan rápidos que no se logran distinguir, y lo hacen de una manera que parece natural y fácil de hacer. Pero detrás de todo artemarcialista y todo literato hay una historia de entrega a su vocación.
 


 
 Editamos, publicamos y promovemos tu libro. 






domingo, 3 de julio de 2011

Chihuahua convoca a todos los escritores mexicanos o extranjeros


Chihuahua convoca a todos los escritores mexicanos o extranjeros.



El Gobierno de Chihuahua, dentro del programa “Chihuahua Vive en la Cultura”, a través de la Secretaría de Educación, Cultura y Deporte, así como el Instituto Chihuhuense de la Cultura, en coordinación con el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, ha lanzado la siguiente:

Convocatoria para el Premio de Testimonio “Carlos Montemayor 2011”.


Requisitos para participar:

·         Enviar libro inédito de testimonio con un mínimo de 69 y un máximo de 80 cuartillas.
·         Presentarlo por triplicado, engargolados, escritos a máquina o en computadora con el siguiente formato: Times New Roman 12 puntos, doble espacio, en papel tamaño carta, páginas numeradas e impresas por una sola cara.
·         Los concursantes deben participar con un seudónimo.
·         Enviar adjunto y en sobre cerrado Ficha de autoría con los siguientes datos: seudónimo, nombre completo, domicilio, número telefónico y semblanza.
·         Enviar el seudónimo y ficha de autor adjunto a los trabajos en sobre cerrado e identificado con el mismo seudónimo.

Para participantes extranjeros:

·         Incluir en el sobre copia del documento probatorio de su residencia mayor a 5 años en México.

Causas de descalificación:

·         Cualquier tipo de referencia, leyenda o dedicatoria que pueda sugerir la identidad del autor.

Plazo de recepción:

·         Extendida hasta el 29 de julio del 2011, para recibir textos al concurso para el Premio de Testimonio “Carlos Montemayor 2011”.

Premio:

·         100 mil pesos al primer lugar.

Notas:

·         Los organizadores depositará las plicas de identificación de los concursantes en una notaría pública de la ciudad de Chihuahua, Chihuahua.
·         El premio puede ser declarado desierto, en cuyo caso las instituciones convocantes se reservan la decisión de emplear el recurso económico correspondiente para apoyar actividades de fomento a la literatura.
·         Las instituciones convocantes cubrirán el traslado en el territorio nacional y la estancia del ganador para que asista al acto de premiación.



REGISTROS DE PARTICIPACIÓN E INFORMES:
Los trabajos concursantes deberán enviarse al 
Instituto Chihuahuense de Cultura,
Av. División del Norte s/n, Col. Altavista, 
C. P. 31200, Chihuahua, Chihuahua.
Tel. (614) 414-48-00 ext. 225




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miércoles, 8 de junio de 2011

La Estrella Dorada

La Estrella Dorada
 

una obra de Lit de Bliss





               Es una mezcla de ficción y realidad enmarcada en distintos escenarios y épocas. Tiene impregnado un sinnúmero de emociones fuertes que pueden llevar ¬–sin ser el propósito de este libro– a una agresiva confrontación de géneros.

                  La recopilación de pensamientos que aquí se recogen, así como los comportamientos éticos, parten de la visión de muchas mujeres que nos invitan sin proponérselo a hacernos la pregunta: ¿Y si la historia hubiese sido escrita por mujeres con la misma rudeza radical y ortodoxa con que los hombres la han recopilado se seguiría viendo a la mujer como un ser inferior al hombre?
                 La Gran Manifestación Femenina –subtítulo de esta novela– reclama los derechos de la mujer desde una posición donde se defiende ante todo la Vida –valor intrínseco, inalienable e instransferible– de cada ser humano y en consecuencia exige la libertad y la belleza.
                 La mujer emancipada es ante todo una guerrera que lucha a cada instante contra los yugos milenarios impuestos por el hombre –llámense reyes, llámense santos, llámense leyes–. Así lo demuestra esta original y mavillosa historia con sus exquisitos personajes que por momentos nos hace sumergir en una narrativa épica y, en otros, nos arrincona a hechos presentes que parecieran ser imposibles de existir en pleno siglo XXI.
                 Rabenaxil-sii, Aledoixa y Atimaxel, hermanas y princesas, jóvenes todas van en busca de su libertad, de su emancipación y para ello deben superar momentos cruciales. Son diestras con las armas pero también están llenas de bondad y respeto; amantes de la libertad y la vida.
                 Son las descendientes de Eva, llamadas las Hijas de Eva y vienen a reconstruir la Estrella Dorada, la ciudad perfecta de convivencia destruida hace mucho por los Hijos de Adán.





 Y llévate de regalo





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domingo, 5 de junio de 2011

El carro de los gitanos



El carro de los gitanos

Había intentado recrear el sueño, o reconstruir el raciocinio; si es que no había sido un sueño, durante horas en la estación, sentado en las bancas amarillas. Al fin, creyendo que el olvido sería como un bálsamo recuperador, había abordado un tren que había abandonado en la primera estación de combinación que cruzaron. Viajó al sur, distraído, observando a los gitanos que compartían el carro, mayoritariamente, con él y algún otro pasajero silencioso. Los gitanos hablaban fuerte, ya sea en un castellano modificado y con acento, o en su lengua romané, que lanzaban de un lado a otro del carro, para compartir temas. La mayoría eran gitanas, de distintas edades, todas ágiles, todas elásticas, de gestos amplios y seguros, como si el mundo les fuera propio y exclusivo. Había sólo dos gitanos, uno de cierta edad, llevaba un pañuelo en la cabeza y sobre este un sombrero. Miraba al frente, con expresión concentrada, como si estuviera observando una escena que capturaba toda su atención. Sin embargo, al seguir la línea de su visión, uno podría haber viajado hasta la inmensidad del cosmos, sin llegar jamás a un destino cierto. El anciano pensó que iba discurriendo consigo mismo y tomando decisiones que de seguro podrían afectar de forma grave a su familia, que viajaba desperdigada a lo largo del tren. Aventuró que quizás el fuera la séptima generación que había abandonado su tierra, buscando conocer los confines del reino del abuelo del abuelo del padre de su padre y en cumplimiento de esa misión, él, como jefe de familia, debía planificar siempre cuál sería el rumbo persistente a seguir, y cuándo enviar un nuevo mensajero en busca de noticias de su lejano rey o cuándo llegaría hasta ellos la noticias de su pueblo con el siguiente mensajero y cuál sería su nombre. Caviló sobre la precisión y persistencia que habría de tener su misión y la de cada jefe de cada familia gitana que en cada rama familiar, de cada lugar en donde se establecían, sostenía esa misma misión, sin abandonarla jamás, del mismo modo que sus tradiciones. "Y no obstante", pensó, "ellos tienen una libertad infinita que nosotros no tenemos". Su pensamiento se detuvo un breve instante y luego rectificó: "No debería decir nosotros. No puedo saber que tanta libertad tienen, o gozan, o creen gozar los otros. Sólo puedo decir que yo mismo jamás tuve la libertad que creo que tienen los gitanos o los artistas de los circos, o tantos otros artistas. Es tan poca la libertad que yo mismo tuve, que recién después de abandonar a mi padre muerto, tengo apenas una noción de lo que es la libertad que requiero para decidir sobre cómo cumplir su voluntad final". Sentado a su lado iba quizás su hijo, o podría ser incluso su nieto. Como sea, era sin duda el heredero de aquella sagrada misión de viajar hasta los confines de la tierra extendiendo la cultura del reino de sus antepasados nobles. Pero, a pesar de eso, y aunque el padre o abuelo vestía como cualquier persona, con excepción del pañuelo, que el hijo o nieto no llevaba, y que en todo lo demás ambos vestían como otro cualquiera, quedaba claro que el abuelo o padre era en todo mucho más gitano que el otro, en especial en la vestimenta, aun cuando el nieto o hijo dejaba ver en su ropa que era, sin ninguna duda un gitano verdadero. El nieto, si lo era, emulaba la mirada y expresión del abuelo, sin dejar de notarse que era algo espontaneo y de ninguna manera forzado o intencional. Nadie podría, por ejemplo, sostener que ese nieto; o quizás hijo del otro, pretendía ser igual que su antecesor, sino que había algo impregnado en la tradición de ambos que los igualaba, de manera que el joven, como el viejo, también tenía la mirada clavada en la misión invisible y única de su raza, con la sola diferencia que éste la traducía en una expresión alegre, como si fuera previa al momento de echarse a cantar algún himno propio de sus tradiciones, que reflejara la felicidad de ser el heredero de aquella misión; mientras el otro, el padre o abuelo, reflejaba en el ceño adusto, en la expresión admonitoria de su mirada, el juicio permanente que ya había, hace muchos años, comenzado a hacer como resumen de su misión que ya estaba por culminar. Era como si hubiera acabado de cantar aquel himno sagrado y tuviera la misión de decidir, sobre otro, de quien él era el juez definitivo, como si fuera el propio rey que le había encomendado hace innúmeros años la misión a sus antepasados, que hubiera de evaluar y dictar definitiva sentencia sobre si mismo, ahora y aquí, al final de la parte de la gran misión que le había tocado cumplir y de la cual ya no había enmienda ninguna posible, sino sólo éxito o tal vez fracaso. Pero por lo demás, eran en todo iguales y no cabía duda que en algún pasado el abuelo fue ese nieto o hijo, y este llegaría, sin poder evitarlo de manera alguna, a ser ese padre o abuelo. "Así de escrito, ellos han de sentir que está su destino" caviló el viejo. "En tanto que yo, he quedado en una encrucijada, con una misión abierta. Quizás ese haya sido el sentido de mi sueño o de aquel raciocinio que emprendí anoche en la oscuridad total". Pensó, sin darse cuenta que así lo hacía, que todo estaba ligado. Esos gitanos estaban en sincronía con él mismo y él inevitablemente había llegado a abordar este tren, en este carro, sólo con la misión de descifrar esa verdad que había recibido la noche anterior. En ese momento, sin percibir una razón, sucedieron dos cosas extrañas. Sintió una infinita alegría, que lo impulsaba a tensar su cuerpo, como si quisiera saltar y gritar, aunque no lo hizo, pero sí se sintió hermanado con el gitano joven y se dijo: "Estoy recién comenzando de nuevo. Hoy he nacido". Además una gitanita de ojos claros y nariz algo aguileña y prominente, aunque muy joven y bella, se sentó a su lado, dandole un cuarto de sus espaldas tersas y bronceadas, a la vez que arremolinaba en infinitas brisas el aire fresco que entraba por los vidrios abiertos del vagón, con sus faldas múltiples, abundantes y livianas. Sintió que estas brisas le traían aroma de mujer plena, a la vez que oía su voz muy elevada, dirigiéndose a un grupo de gitanas que estaban sentadas al frente. Sintió, con todo, producto de la mixtura de sensaciones, aromas y libertad, unas ganas irrefrenables de abrazar por la cintura a la joven gitana, cuyos pechos emancipados y sueltos alcanzaba, casi, a vislumbrar por el espacio que dejaba la blusa liviana bajo la axila, cuando la joven levantaba los brazos. Su cerebro y todo sus sistema nervioso dio la orden de abrazarla y coger esos pechos tostados. Su subconsciente alcanzó a vislumbrar, adelantado, el momento de presionarlos con sus manos y la corriente casi eléctrica que habría de recorrer su vientre y espalda. Pero nada ocurrió. ¡Miento! ¡Sí ocurrió! No sabemos cómo actúa, ni cuales son sus mecanismos, pero la censura actúa y discurre más rápido que las acciones y reprimió de manera tan veloz como el disparo del anticipo, la acción subsecuente, de modo que sólo quedó, sin que nadie, aparentemente, se percatara, el cúmulo de sensaciones intensas del acto fallido, como si este hubiera ocurrido. En ambos sucesos, el primero concluido en una sensación de intensa alegría y el segundo de intensa ansiedad, se había impuesto la represión. Seguía sentado, como aquellos dos gitanos, con la vista al frente sin expresar todas sus compulsiones interiores, aun cuando quizás su voluntad libre así hubiera querido disponerlo. Pensó, entonces, que siempre casi en todos los actos de su vida se había impuesto un sino nacido de otra voluntad, imperceptible, desconocida, que determinaba la misión del Rapsoda, que no podía explicarse o comprender a su mandante superior, ni sus razones. Quizás le era posible, de alguna manera, conocerlo: "Mi padre fue su instrumento" le dijo la voz que habla en silencio, "hasta que, terminada su misión, ahora, de un modo diferente eres determinado por la letra inarmónica trazada en un cuaderno Navegante. Así entonces, la libertad sólo está compuesta de cierta ignorancia y de la fe para aceptarla". Se quedó perplejo, mientras el tren se detenía en la estación terminal Lo Sierra. "No puede ser de ese modo" le contestó a su voz interna, lleno de inquietud, pero a la vez sentía una intensa alegría porque había al fin rescatado su reflexión de la noche anterior.
Los gitanos descendieron en diversos grupos. Como si guiaran su rumbo, pero de manera descuidada, encabezaban el grupo los dos gitanos. Junto al anciano caminaba la gitanita que se había sentado a su lado. De pronto se acercó, hasta rozarlo con su brazo y dijo:
- Te veo la sorte... tu tiene la preocupación, oye...
Volvió a sentir la misma ansiedad, pero ahora envuelta en un vago temor. Respondió:
- No tengo dinero: No podría pagarte.
- Tú no paga. La sorte no se paga: La sorte es tuya. Yo nada más te la veo, para que tú esté bien y tranquilo. Despué si tu quiere das algo a Mirka, como sea tu voluntá; ¿lo ves?
- No podría... Preferiría no saber.
Antes que pudiera terminar de negarse, la gitanita se atravesó en su camino, deteniédolo.
- Dame tu mano - dijo y se la tomó, sin forzarlo, pero con absoluta decisión -. Tú tiene mucho miedo de tu futuro, tú cree que alguien te hace mal - afirmó, poniendo un dedo largo firme, decidido, de piel morena y curtida, de uña larga y celeste que parecía haber sido teñida con alguno de los múltiples colores del estampado de la falda liviana y voladiza, que podía estimular todas las brisas del lugar, y se derramaban por las caderas y las formas íntimas e incitantes de la gitana. Con esa uña recorrió los dibujos de las líneas de la palma de la mano del viejo, a la vez que la acercaba a su propio cuerpo tibio, como si al influjo de sus vibraciones todo fuera todavía mucho más claro. El viejo recibió esa tibieza con desasosiego, pero no podía pensar, sino sólo percibir. - Tú tiene una novia más joven que tú - indicó con la larga uña celeste un punto donde dos lineas tenues se entrecruzaban -; alguien te gobierna con esa novia. Tú tiene que cuidarte del poder de esa persona: Él es un brujo. Él es poderoso -. El viejo dejó escapar una risita tenue. La gitana se acercó a él, hasta que el viejo tuvo los pechos morenos, tan tersos, casi al alcance de las caricias de su vista. La gitana cubrió la mano del anciano con toda la suya y acarició suavemente la palma de la otra, a la vez que le clavaba su mirada clara y aguda de loba, o quizás de pájara rapaz, y lo poseía con fascinación, como la loba posee al cordero, antes de devorarlo.- ¿Tú tiene un pañuelo? - le preguntó y sin darle tiempo a responder, sin soltarle la mano que tenía hechizada junto a su vientre y bajo sus pechos, alargó la mano y la metió en el bolsillo lateral de la chaqueta del anciano - A ver si aquí tiene un pañuelo para hacerte una curación de tu pena - dijo y sacó la mano llena de papeles inútiles que Rrrrabanito guardaba ahí - Tú no tiene ninguna cosa. Tú vive de puro sueño, paisano. Por eso tu novia se te va con el otro: ¿Lo ve? - y abrió la mano que había sacado llena de esos tesoros de la memoria que el anciano guardaba, quizás porque en ellos había ciertos números que formaban alguna serie extraña, o estaban emitidos en una fecha que llevaban estampada y podía tener algún significado mágico, que sólo él entendía, o quizás un ícono impreso era en especial atractivo, o mucho y mucho más, que tal vez para todos los demás no tenía sentido ninguno. Algunos papeles cayeron al suelo, resbalando entre los dedos de la mano de la gitana, otro volaron con la brisa y algunos fueron retenidos por ella, que cerrando la mano los devolvió al bolsillo - ¿Tu no tiene un pañuelo? - dijo.
- Aquí tengo uno - respondió y lo sacó del bolsillo del pantalón con la mano libre, arrugado y sucio. La gitana lo tomó sin asco ni comedimiento y lo sacudió para estiarlo. En seguida lo acomodó sobre la palma de la mano del viejo y volvió a pasar con suavidad la suya sobre esta, mientras clavaba sus ojos de pájara fascinadora en los del viejo, que sólo sentía la caricia en su mano, el aroma a mujer loba y una rara corriente que le atravesaba la espalda.
- Dame uno de tus tesoro - dijo y metió otra vez la mano al bolsillo de la chaqueta, escarbando en lo más profundo: - El más escondido, el mas antiguo - dijo y parecía buscar algo ahí, que no encontraba. Finalmente sacó la mano, que arrastró algunos papeles. Cayeron al suelo y fueron llevados por la brisa. En su mano venía uno cuya forma y textura recordaba la de un billete. Lo miró con cierta desilusión y lo dobló una y otra y otra vez y otra y más, hasta que qudó convertido en un bultito cuadrado y pequeño, que sujetó con su dedo sobre el pañuelo -. Este - dijo - es pa que conserve todo le que tu más quiere - y en seguida, casi distraída, preguntó -: ¿Tiene un dinero, una moneda o lo que tú quiere, para guardar aquí en este pañuelo?. Es pa que nadie te robe, nunca, tu dinero.
El viejo se encogió de hombros:
- No uso dinero, casi nunca.
- ¿Y tú, cómo paga toda la cosa que tú compras?
Se encogió de hombros:
- No sé - respondió -, tarjeta de banco o saco del cajero lo justo.
- ¡Por eso tú está mal! - dijo y le apoyó su uña celeste de su largo dedo, en la frente. El viejo bajó la vista. Iba a explicar algo, alcanzó a aspirar el aire necesario, pero calló. Sólo  movió la cabeza, como si fuera inútil explicar. La gitana lo miró, entonces, con atención y caviló durante un breve instante, como evaluando el gesto del anciano. Percibió en ese instante ese sentimiento que sólo las mujeres pueden tener con sus hijos, o con algunos hombres que despiertan extrañamente su ternura y que las lleva a una tonta compulsión de protección. Lo quedó mirando sin alcanzar a llegar a la sonrisa y tuvo ese impulso previo al que se siente cuando se abraza a alguien a quien, al fin, se le reconoce un cariño especial - Mira tú: Te voy a dar un amuleto para tu felicidad. Ahora te puedes acordar de mi siempre - dijo y se metió la mano en el escote. Hurgó ahí un momento y sacó tres semillas que guardaba en el sostén de color rosa, que parecía usar más como un lugar para guardar,  que para su función propia, y que el viejo miró con lujuria contenida. Tenía la ilusión de ver ese pecho hasta lo más hondo de su secreto. Puso las tres semillas junto al papel doblado, se acercó a ellos y los escupió. Después con velocidad y unos pases extraños, lo envolvió todo y lo anudo, dejando el papel y las semillas atrapadas al centro del pañuelo, dentro del nudo. Arrugó, luego, el pañuelo y lo metió en el bolsillo interior de la chaqueta del viejo, empujándolo hasta el fondo, con insistencia. Cuando sacó la mano del bolsillo, se llevó la que había tenido siempre atrapada y la oprimió contra su propio pecho. Dijo: - Tú, ahora, va a ser un hombre muy feliz - e inmediatamente se dio vuelta y emprendió su camino como si todo el suceso no hubiera ocurrido nunca, como si este anciano ni siquiera existiera.

Kepa Uriberri
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domingo, 17 de octubre de 2010

Tiempos Modernos y Jack, Johnny y Hank en una Bolsa

TIEMPOS MODERNOS Y JACK, JOHNNY Y HANK EN UNA BOLSA


Sí, son tiempos modernos, pensaba mientras caminaba por las calles de un Bilbao bullicioso, gris, aburrido, y al parecer algo agobiado. Jack, Johnny y Hank me acompañaban metidos en una bolsa de plástico.

Había algo en las caras de la gente que te incitaba a pensar que hacía tiempo que no sonreían, pero son tiempos modernos, y los pajaritos cantan y las nubes se levantan porque cualquiera de ellos puede entrar a una tienda y comprarse unos vaqueros.

Yo paseaba desde hace rato con esa sensación de que gran parte de lo que veo se puede convertir en palabras, todavía conmocionado por el poema "¡Adelante!" que había leído de Hank y con ganas de empezar "Los Subterráneos" mientras Johnny sonaba a treinta y tres revoluciones en el salón de mi casa.

Camino entre ráfagas de cuerpos fascinado al comprobar lo capaces que son de mantener un ritmo con el piloto automático sin chocar entre ellos. Me acuerdo del segurata del Fnac y en sus ojos perfilados, me había dejado impactado ver a semejante masa de carne aburrida y encorvada gastando rímel, "¡Ni te me acerques sucia ladrona!" Le grita una señora muy mayor a una rumana que se le acercaba con una mano extendida y la otra escondida.

Entre los cuerpos auto dirigidos hay unos que buscan a otros, llevan un peto de colores y una carpeta y tienen peor cara que los otros, los demás les esquivan antes de que puedan recitar la primera frase de su causa que a veces la proclaman en bajito a un aire sordo. Un señor de aspecto desaliñado y enfermo que anda más perdido y errático que los demás se acerca a una chica con peto y ésta ni le mira, son malos tiempos para los Robin Hood modernos, son tiempos modernos y los pajaritos no cantan y las nubes no se levantan para un mendigo que está sentado muy próximo a los Robin del peto. Malos tiempos para él también en la era de la ayuda a distancia.

El ascensor del metro sube, abre sus puertas, escupe gente y antes de que vuelva a cerrar la boca nuevos esputos van hacia ella corriendo, tres chicos jóvenes y una señora de mediana edad con bolsas dejan a un señor que va en silla de ruedas fuera, la boca tarda en cerrarse pero los mocos se quedan bien pegados a su garganta infectándola de civismo y consideración modernos.

La bolsa de plástico comienza a moverse, noto los gritos y los improperios de Hank maldiciendo contra el universo y escupiendo al viento, la frenética prosa de Jack desmenuzándolo todo y el Boom Chicka Boom de Johnny transformando la atmósfera en algo más sencillo que se pueda solucionar con la espera en el porche meciéndote en tu silla y  bebiendo un vaso de bourbon.

Sigo mi camino saturado de gris y paso por una plaza donde el futuro juega porque así se lo ha indicado el pasado, ahí es la primera vez que veo sonrisas. Yo me dirijo a mi cueva con mi gente y como presente, no puedo hacer más que pedir papel y boli en la barra para apuntar todo esto y que no se borre de mi mente.
Acabo de descubrir que ni si quiera he echado un vistazo a las notas que escribí.

Será porque son tiempos modernos, y los pajarillos cantan y las nubes se levantan.


Asier Triguero es autor de las novelas Me quiero ir e Hijos del amanecer.


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