sábado, 13 de marzo de 2010

Historias de Otra Norteamérica




HISTORIAS DE OTRA NORTEAMÉRICA


 "Tuve el vicio del trago, hice y padecí muchas tragedias, y puedo recaer, por eso quiero contarte de mi historia, algo habrá de servir, aunque sea para salvar a una sola vida, antes de que acabe la mía"...

 
Don José Aguilar en su juventud, migrante en Los Ángeles, California. Imágenes: archivo de Editorial Orbis Press

 
PARA SALVAR UNA VIDA...
Por Manuel Murrieta Saldívar
   
Iba saliendo de un establecimiento comercial en Phoenix, Arizona, cuando una voz ronca y profunda me abordó: "Escuché que se dedica al periodismo y a escribir", me refirió, "me gustaría hablar con usted".  Era un hombre de facciones gruesas, moreno y corpulento, curtido por el trabajo y los embates de la vida.  Eso supuse al sólo mirarle; podría haber encontrado más, pero él portaba unos lentes contra el sol que me impidió sondear a través de sus ojos. "Claro, por supuesto, estoy a sus órdenes", le respondí amable, creyendo se trataría de un rutinario asunto de publicidad o de cubrir algún evento, como es lo que se propone en esos pequeños negocios que sostienen al periodismo hispano en esta zona. "Aquí tiene mi tarjeta, llámame por favor, necesito su opinión y creo que le puede interesar", me provocó. Leí su nombre, José Aguilar, su puesto, Director General, su negocio Volviendo a Vivir, y su giro, centro de rehabilitación, actividad no muy común, al igual que la mía, por estos rumbos.  

          A los días volví a escuchar por el auricular esa voz rasposa  ahora como venida de un abismo, que hacía preguntarme el origen de esa condición fonética.  Entonces decidí, conmovido, acudir en persona al local de don José, quizá para evitar que hiciera un mayor  esfuerzo al hablar por la línea. Cuando llegué al recinto, ubicado en la zona marginal del suroeste de Phoenix, no me pregunté, como debería, qué demonios estaba haciendo yo allí, sino que me impresioné al comprobar que, en efecto, operaba un centro para rehabilitar alcohólicos.  Porque se traba de una simple casa—aunque al entrar se percibe cierto olor a alcohol desvanecido, se aprecian las caras rojas de internos recuperándose entre ollas y sartenes preparando comida. Las recámaras estaban repletas de literas, los closets eran depósitos de libros, herramientas y cajas, la sala un como auditorio con su pódium donde se adivinaba que surgían grandes testimonios orales.  

También recorrí un pasadillo secreto que me llevó a una especie de "bunker" aislado de todo, contaba con una computadora, un teléfono, una televisión y un pequeño sofá en cuya mesita, en efecto, había una pistola, "por si las moscas".   Y ahí estaba, entre el juego de sombras y el poco sol que se traslucía, don José, como contento dándome una bienvenida: "Qué pasó Murrieta"… escuché por vez primera esa frase que la repetiría muchas veces. "No te asustes por esto", me advirtió refiriéndose a todo el recinto y apelando a la ingenuidad que a veces suelo transmitir. 

          "No se preocupe—reaccioné—como periodista estoy acostumbrado a todo tipo de ambientes, desde una suite presidencial hasta un prostíbulo", ocultándole así el impacto que me produjo ingresar a su morada.  "Qué bueno que así sea, porque esto apenas es el comienzo, siéntate, si quieres beber aquí sólo hay agua y refrescos ", me sugirió.  "Ya averigüe de ti, creo que eres la persona adecuada para lo que quiero hacer"...  

          "Si me permite—intervine —primero dígame por qué tiene esa voz así, tan rasposa, ¿es normal o está usted enfermo?".  "De eso quiero hablarte—abundó—la voz la tengo así por ha-ber bebido mucho, es la voz de ex alcohólico, de uno que se está rehabilitando, la voz de un ex vagabundo o del 'homeless' buscando un trago o dónde dormir". 

          De inmediato recordé a los "alcoholitos" del Jardín Juárez de Hermosillo, Sonora, a los de las cantinas de Nogales, a los del centro de Los Ángeles o los del Encanto Park de Phoenix, preguntándome siempre cómo habían llegado a esa condición.  Y, sobre todo, si lograban escaparse de ella. Y ahora, a juzgar por sus palabras, tenía a uno frente a mí, picando mi curiosidad, recuperándose, salido de ese infierno, poniéndose a mi disposición, porque don José propuso: "Si, fui un alcoholito, homeless borracho y quiero contarte  mi historia, tú sabrás que hacer con ella". 

   
Don José en la actualidad, sobreviviendo, rehabilitándose…

 
          Podría saber entonces—podríamos todos saber—cómo es que un ser humano llega a los límites de la autodestrucción, cómo visualiza a la sociedad que lo olvida, a quiénes culpa y por qué. Y, sobre todo, podríamos saber cómo es que uno de ellos logra transformarse hasta casi ser un abstemio. "Tuve el vicio del trago, hice y padecí muchas tragedias, y puedo recaer, por eso quiero contarte de mi historia, algo habrá de servir, aunque sea para salvar a una sola vida, antes de que acabe la mía"...  

          Ya no se dijo más, y en esa soledad, sin testigos, hicimos el acuerdo, sin documentos ni nada que firmar, solamente encendí mi grabadora y durante días nos pusimos a platicar.  Así brotaría el libro Volviendo a Vivir. Entrevistas con don José Aguilar, combinación de periodismo y narración literaria, así empecé a escuchar pasajes de penurias, decepciones y humillaciones, las de "los fracasados del sueño americano", como se titula el capítulo IX.  Sin embargo, también capté que habría un final feliz.  En efecto, noté que don José había encontrado una misión que le estaba dando los últimos respiros: rescatar a los migrantes mexicanos, a los latinos en general, víctimas del alcohol para evitar que continúen los mismos dramas, reintegrarlos a la sociedad, a la búsqueda de la felicidad material y espiritual.

          Porque el alcoholismo es más fácil que prenda en condiciones de crisis.  Nacido en un poblado de Jalisco, México, don José emigró adolescente a California, trabajó como obrero habitando en departamentos junto a decenas de paisanos para ahorrar dinero en hospedaje.  Pero en las convivencias encontró como muchos refugio en el alcohol y comenzaron los despidos del empleo...ingerir cervezas de más, también le produjo inestabilidad emocional y varias enfermedades como cirrosis y hepatitis al transcurrir los años.  Enfermo y abandonado, deambuló como pordiosero, mendingando bebida y comida, durmiendo en parajes de donde resurgiría, precisamente, cual ave fénix en la ciudad de Phoenix: entre el vagabundeo escuchó de un centro de rehabilitación a donde acudió—poniendo como condición, para dejarse llevar, que le dieran una cerveza, a manera de despedida simbólica—para ya no salir de ahí jamás. Y no porque no se recuperara, sino al contrario: lo hizo tan rápido y tan bien que acabó como director general del organismo que lo rescató.   

          Don José reestructuró no sólo la base organizativa, sino también la económica, la de atención a los internos e incluso la física de ese recinto que opera a todo vapor en condiciones humildes.  A las vueltas del tiempo, empezó a escuchar que le llamaban Padrino de parte de cientos y cientos de mexicanos, latinos y hasta de migrantes europeos que rescata de la bebida.  Don José lo revela así, con esa poderosa voz y el brillo de la satisfacción en los ojos:

—Después de una vida de desorientación, de dependencias y sufrimientos, aquí encontré el sentido de vivir, por eso le cambié el nombre a este centro, se llama "Volviendo a Vivir". Descubrí que mi misión es ayudar al prójimo y ofrecerle toda mi experiencia, conocimientos, para el funcionamiento de este lugar que rescata a alcohólicos y dragaditos.
 
          He aquí, pues, pasajes claves y el perfil de vida de don José, en sus propias palabras, con toda su frescura y habla personal,  en estas entrevistas fruto de los encuentros casuales y del trajín cotidiano. Y, claro, fruto también de aquel periodismo que todavía busca en las calles la noticia transformadora o el personaje anónimo que cambia no sólo la rutina de un día sino a veces la de toda la vida…

CONTINUARÁ…
 
Más sobre la obra Volviendo a Vivir: entrevistas con don Jose Aguilar 
http://www.orbispress.com/imagenes/realidad/volviendo_a_vivir.htm

 
Contacte al autor: manuelmurrieta@orbispress.com 
http://www.orbispress.com/colecciones/manuel_murrieta.htm



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miércoles, 3 de marzo de 2010

Recupere Sus Prioridades - Libro



 



NUESTRA MÁS RECIENTE PUBLICACIÓN

 
Recupere Sus Prioridades De Isabela Ramírez


¿Te has sentido abrumado alguna vez? ¿Sientes que no puedes alcanzar tus objetivos por más que lo intentas? ¿Crees merecer una mejor calidad de vida? Entonces, este libro es para ti.

¡Recupere Sus Prioridades!

Isabela Ramírez, autora de este libro, te incita ante todo a recuperar tus prioridades y te propone un método para lograrlo de una manera fácil y sencilla.
No es un libro de auto-ayuda, ni siquiera un libro de auto-motivación. Es un libro que sin siquiera interrogarte, te hará descubrir respuestas importantes para ti. Y lo más sorprendente aún es que siempre las has sabido. 

Isabela Ramírez, en su magnífica obra, no intenta abarcarlo todo pero tampoco deja nada al aire. Está consciente de que "cada cabeza es un mundo"  y las prioridades de cada quien son tan vastas como diversas. 

Por tanto, no aborda cuestiones en particular y tampoco te ofrece un recetario de cómo solucionar cada una de ellas. No, ella no te dice cómo solucionar esto o aquello, ni siquiera te motiva a hacerlo.

Lo que hace es llevarte frente a dos caminos: Uno que va en la dirección incierta que siempre has tomado y, el otro, a donde te llevarán tus prioridades. 

Pero antes, ha de darte un vuelco, una sacudida; luego, te tomará de la mano y te colocará en el camino correcto, el camino de tus prioridades. Te sorprenderás al descubrir que ese camino siempre ha estado delante de tus ojos, siempre lo has conocido, pero por alguna razón, nunca lo has caminado.

¿Por qué no lo habías visto antes? Porque siempre te has preguntado "cómo" lograr lo que quieres –dice la autora–, antes que responderte "por qué" lo quieres. La respuesta para develar tus prioridades está en el "Por qué" quiero esto o aquello, y no en el "Cómo" puedo obtenerlo. Si hallas la respuesta al "Por qué", entonces, el  "Cómo" vendrá solito a ti.

Pero advierte, si la respuesta al "Por qué" no es completamente honesta, volverás a los mismos hábitos indeseables que te hacen llevar una vida incompleta e insatisfecha.

Practique, antes de juzgarlo, el sencillísimo método que hallarás al final del libro para recuperar tus prioridades. 

"Le garantizo que si su deseo de mejorar su calidad de vida es tan grande, tanto que arde en su pecho, pronto verá resultados favorables." –concluye la autora.



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lunes, 1 de marzo de 2010

Boletín 005



Fracaso


En esta ocasión contamos con la colaboración especial del reconocido escritor chileno Kepa Uriberri quien nos honra con su interesante texto titulado "Fracaso", en la que hace una disertación ecuánime sobre la actividad del escritor.

Visita sus páginas personales y hallarás interesantes textos de su autoría. 

¿Qué Significa Escribir? Nietzsche después de todo.


Si quisiéramos responder la pregunta: ¿qué significa escribir?, podríamos hacerlo desde muchas perfectivas, pero al final veremos también que nos habremos quedado cortos e inconclusos.

Para ayudarnos un poco en este entendimiento, el Dr. Sergio Espinosa Proa de la Universidad Autónoma de Zacatecas, nos presenta su breve ensaño filosófico, cuyo título sugestivo implica la respuesta: "¿Qué significa Escribir? Nietzsche después de todo".  

"…si el nihilismo es darle la vuelta al fin, escribir será dejarse venir desde él.", nos dice en su tercera tesis.

El texto, por su longitud, está dividido en dos partes.

Escribir, una saludable tarea


Eduardo Chaktoura, nos devela que la práctica de escribir es de gran utilidad terapéutica. En su texto: "Escribir, una saludable tarea", nos dice:

"En un principio no hubo letras, alfabetos ni palabras; había imágenes, dibujos, formas, aparentemente sin sentido, pero indudablemente con una significación. El hombre quería decir algo y necesitaba decirlo por escrito. Esta idea evolucionó en silencio con la humanidad y hoy es posible certificarlo. Podemos decir que cuando se escribe se "descubre" y en la expresión se devela un "algo" que nos da bienestar. "

Sobre el Género Biográfico.


Y para saber un poco "Sobre el Género Biográfico", les presentamos este texto del fallecido escritor argentino Juan José Soer, quien de entrada nos dice: "El rechazo escrupuloso de todo elemento ficticio no es un criterio de verdad."

Respondiendo Preguntas


Y nuestro incansable editor, Anselmo Bautista, responde brevemente algunas preguntas que nos han hecho a nuestra redacción, con la mayor honestidad desde su propia experiencia:



Y Como dice nuestro buen amigo,
David Alberto Muñoz, editor de

¡A escribir se ha dicho!

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Editorial Atreyo y El Blog de Atreyo, te desean un feliz día.


domingo, 28 de febrero de 2010

Escribir Para Ser famoso y rico



 
Escribir Para Ser famoso y rico.

 
¿Cómo ser famoso y rico escribiendo un libro? Esta pregunta me patea. Existen en internet páginas que te dicen cómo, e incluso ¡cómo hacerlo fácilmente en 5 días! Ésta es mi respuesta, tan floja como la misma pregunta.

Sí, pues, ¿cómo voy a saberlo? Me hacen la pregunta como si: a) Yo lo fuera; y, b) Suponiendo que lo fuera, ¿cómo poder explicar el cómo sucedió?

Primero, la persona que lo pregunta asume, de hecho, que la escritura es un modo bueno de enriquecerse.

No estoy seguro cómo se haga ni cómo se comience a escribir. Los logros más creativos siempre han tenido menos que un estilo de vida lucrativo.

Si los libros que has leído han sido sólo éxitos de librería (bestsellers), entonces no tienes idea del mundo de la publicación. Por otra parte, el hecho de que un libro se venda bien, no tiene absolutamente nada qué ver con qué tan bueno sea.

En los países de mayor producción anual de libros como Estados Unidos, son pocos los títulos que se venden arriba de unas miles de copias.

En realidad, no existe nada que justifique tu esfuerzo, excepto tus propios motivos para escribir un buen libro, muy independiente de los beneficios económicos que puedas obtener con él (que bien pueden ser nulos o millones) Así que antes de preocuparte en hacer un libro para ganar millones, preocúpate primero por escribirlo bien.

¿Desalentado?

Bueno. Aquí te doy mi aspecto positivo: amo escribir libros. Amo leer libros. Amo la noción entera de que puedo arreglar cosas en mi mente y luego hacerlos verdaderos en una página, por placer personal o utilidad de alguien más. Sólo esto es lo que impone.

Si te gusta escribir, si disfrutas el agridulce de arreglar palabras en oraciones, entonces, puedes amar escribir libros, a pesar de o debido a todo lo que he dicho más arriba.

De ser así, consigue trabajar, ahora. Y quizá, lo que escribas, te hará famoso y rico.
 
El Editor


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Cómo Ser Publicado


Cómo Ser Publicado.

 
Para los que se preguntan cómo se le hace para encontrar a un editor, creo que olvidan que existen librerías en donde pueden tomar un libro cualquiera y anotar la dirección de la editorial que publicó el libro; también olvida la existencia de un directorio telefónico como la Sección Amarilla; y en última instancia, creo que aún no se han enterado de la existencia de Internet y los motores de búsqueda para localizar alguno.

El mercado de escritores, literalmente, ha empezado a ayudar a los escritores a encontrar editores. Muchos editores, siendo positivo en la idea entera de la comunicación, ponen la información en su sitio Web de cómo el escritor debe presentar el material. La magnífica comedia es que pocos escritores siguen las instrucciones, lo cual conduce a los redactores a desestimar de entrada, el "esfuerzo" del escritor. Pocos escritores hacen realmente su tarea. 

El punto de fricción para el autor que quiere ser publicado es, otra vez, el esfuerzo. Quieren oír algún secreto que se salte las partes difíciles. Desafortunadamente, no existe ningún secreto ni pócima para ello. O te esfuerzas o te esfuerzas si es que quieres en realidad ser publicado.

Los grandes editores son en forma legítima: melindrosos. Diariamente reciben astronómicas propuestas.

Para llegar a ellos requiere, otra vez, esfuerzo, para aprender cómo tocan las cuerdas, enviar preguntas elegantes, y hacer la investigación requerida tanto para trabajar la idea del libro como para luego proponerlo con eficacia.
 
De hecho, el "escritor" que no quiere hacer su trabajo para ser publicado, realmente, tiene pocas probabilidades de ser capaz de cubrir los requerimientos para terminar un manuscrito decente. Es un "escritor" que en realidad no desea ser escritor, debido a su propensión a rechazar el esfuerzo que su mismo manuscrito le exige.

Se dice que es más fácil autopublicar un libro hoy en día de lo que alguna vez fue. Pero otra vez, si quieres presentar un libro decente, también tendrás que desempeñar un esfuerzo decente.
 
Todo es cuestión de esfuerzo. Al esforzarte se te irán descubriendo los secretos de cómo otros autores publicaron sus libros.

 
El Editor
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Cómo escribir un libro – El Esfuerzo


Cómo escribir un libro – El Esfuerzo

 
Es una pregunta simple, pero causa problemas inesperados y se convierte en algo muy complejo de explicar en una sola sentada o frente a una taza de café. 

Es agradable, por supuesto, que a uno como autor le hagan esta pregunta. La gente es curiosa frente a un escritor y eso se siente bien, pero por otro lado hay que estar atentos a la adulación o bien, para esquivar las pedradas.

Pienso que quien la elabora con toda la honestidad es porque está interesado en escribir un libro y cuenta, por lo menos, con alguna ligera noción.

¿Cómo poder ayudarlo? Respecto a cómo escribir un libro es un tema tan viejo y tan abordado por tantas personas famosas y expertas, que cuando se me hace esta pregunta, con la intención seria de descubrir el secreto dentro de mi pequeño cerebro y mi limitada experiencia en la escritura, me cuesta trabajo poder responderla con seriedad (no confundir seriedad con honestidad)

En realidad, interpreto la pregunta como si el que la elabora quisiera obtener un permiso para atreverse a escribir. Y lo cierto es que nadie necesita ninguna autorización. No se requiere ninguna licencia ni pasar examen alguno para hacerlo. Así que le digo que cualquiera puede escribir un libro, porque, verdaderamente, supongo, es lo que realmente quiere oír. 

La escritura, a diferencia de la publicación, no necesita ningún recurso financiero. Una pluma, papel y el esfuerzo son todo lo que se ha requerido durante cientos de años.

Si Voltaire y el Marqués de Sade pudieron escribir en la prisión, cual más, entonces, podrá hacerlo en su barrio o residencia, en el almuerzo, en el trabajo o después de que los niños se vayan a dormir.

Si realmente tú quieres escribir un libro, primero mata la magia. En primer lugar, un libro es sólo un manojo de texto. Cualquiera puede escribir un libro, el cual podría terminar siendo un sorbete o ser incomprensible, pero aún así es todavía un libro. 

Nada te detiene para coleccionar ahora mismo todas aquellas notas de tus clases de primaria, los textos reservados en tu diario o tus garabatos puestos en servilletas; luego los pones todos juntos, les pones tapas y un título. ¡Y listo! Te has licenciado como autor. Bien, ya tienes un libro de tu autoría.

¡Ah! ¡Lo que tú quieres es escribir un buen libro, realmente!

Muy bien, pero debes entonces colocarte en la fila de los pro-autores que todavía tratamos de entender cómo se escribe un buen libro.

Esta es mi respuesta, real, corta y honesta: escribir un buen libro comparado con uno malo, implica sólo y exclusivamente una cosa: ¡Esfuerzo!

Nadie quiere escuchar esta palabra, en realidad, tratándose de escritores principiantes. Si ahora mismo tomas dos libros de algún anaquel, apuesto mis pantalones que el autor del mejor libro se esforzó mucho más que el autor del otro.

¡Esfuerzo, trabajo, pasión, estudio, práctica, dedicación, constancia, amor, etcétera! Llámalo como quieras. Seguro es que hay bromas aquí y allá, pero realmente escribir es algo que requiere esfuerzo.

   
El Editor

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Escribir, una saludable tarea


Escribir, una saludable tarea
Por Eduardo Chaktoura

Una palabra, una frase, una carta, un diario íntimo, un blog, un libro. El acto de tomar nota de los sentimientos y las experiencias es, según los especialistas, una buena manera de mejorar la calidad de vida, superar los traumas, sobrellevar los dolores.

Casi sin saberlo, Susana calma su ansiedad mientras escribe la lista del supermercado. Pablo aminora la marcha de su obsesión cuando apunta las tareas pendientes. Renata escribe sobre sus desvelos y vence el insomnio. Borges pudo volver a dormir cuando publicó Funes el memorioso . Carlos avanza en su cuento sobre el cáncer que creyó imbatible. Cuando Isabel Allende publicó Paula, comenzó a calmar el dolor por la enfermedad terminal de su hija. La actriz María Valenzuela "sorteó la locura" cuando empezó a anotar en un cuaderno cada paso de la milagrosa recuperación de Malena. El mundo pudo conocer el diario íntimo de Anna Frank. Hoy Lucía tiene un blog donde describe su "amistad de barro y cristal" con la anorexia. 

Como la de ellos, miles de historias de ilustres y desconocidos se convierten en fiel testimonio de este ejercicio sanador que gana adeptos en el mundo. En las últimas décadas, distintas investigaciones científicas destacan el valor de la escritura como herramienta terapéutica. No es necesario conocer de reglas o técnicas narrativas. Sólo hace falta un lápiz, un papel y animarse. 

"A través de la escritura, las personas atravesadas por situaciones de estrés logran mejorar su bienestar psicológico y físico", anticipa Mónica Bruder, doctora en Psicología y experta en cuestiones de escritura terapéutica. "Cuando escribimos, liberamos lo que llevamos dentro -explica Bruder-. Hay un desbloqueo emocional intenso, en el que se comprometen el pensamiento, la emoción y la palabra escrita. Así, descubrimos lo inconsciente, revertimos miedos, descubrimos las causas de tantos dolores, sufrimiento y limitaciones."
¿Por qué necesitó el hombre escribir ya desde la era de las cavernas? ¿Qué recurso o impulso natural lo llevó a explorar e inventar sistemas gráficos? 

Un paso decisivo en la evolución del Homo sapiens fue la adquisición de un vínculo entre el pensamiento y los símbolos materiales. La actividad gráfica puede entenderse entonces como una extensión de las facultades cognitivas del ser humano. Parecería imperiosa la necesidad de escribir desde tiempos primitivos. 

En un principio no hubo letras, alfabetos ni palabras; había imágenes, dibujos, formas, aparentemente sin sentido, pero indudablemente con una significación. El hombre quería decir algo y necesitaba decirlo por escrito. 

Esta idea evolucionó en silencio con la humanidad y hoy es posible certificarlo. Podemos decir que cuando se escribe se "descubre" y en la expresión se devela un "algo" que nos da bienestar. 

Intentemos hacer este ejercicio. Imaginemos la siguiente escena, como si fuera una película: un hombre, sentado frente a la mesa, escribe. En ese momento mágico, se fugan del cuerpo la razón y las emociones. La razón la abraza, la contiene. La emoción se resiste, pero la necesita. Se necesitan como opuestos que se atraen. El abrazo corona al hombre, que busca, y en un momento fecundo encuentra y escribe. Las palabras vuelan sobre la hoja, mariposas de todos colores cargan letras de todo tipo. La idea se imprime. Se define el sentimiento, eso que el hombre necesitaba decir. ¿Qué escribió?, ¿qué dijo? Esa es otra película, otro ejercicio. Más adelante. 

"El pensamiento es más lento que la emoción -explica Bruder-; así como escribir es más lento que pensar. En este cruce de tiempos del sentir-pensar-escribir, la razón libera las palabras necesarias. Así es como la escritura, el cerebro y el sistema inmunológico se triangulan en busca del bienestar." 

Juan ya no grita cuando pelea con su mujer, le deja mensajes pegados en la alacena. "Aprendí a escribir lo que no podía decir, y tomo menos remedios para la presión", confiesa, orgulloso, su fórmula, ahora no tan secreta, para seguir casado. "Fue el consejo más sano que recibí de una amiga tan cabrona como yo -detalla Juan-. Ya cansado de discutir en vano, por consejo de su amiga, Juan escribe y se relaja. "Es que cuando te detenés a escribir se empieza a relajar ese impulso que parece arrasarlo todo." 

Cuando Juan deja mensajes en la alacena, calma su ansiedad, su enojo, dice lo que siente. Con lo que escribe: "Estoy enojado", "vuelvo tarde", "perdoname", "me equivoqué", lo que sea. Juan ya no grita, pero tampoco calla. Escribe, dice, sana. 

Por un lado, está lo sanador del acto puro de escribir ("el abrazo de la razón y la emoción", del que hablábamos hace un instante). Por otro, aún más saludable y beneficioso, aparece el contenido, el mensaje que trae lo que uno escribe ("eso que el hombre de la película quería decir", y dijo, pero todavía no sabemos).
Así, lo que podríamos llamar "acto" y "producción" irrumpen en la hoja como dos momentos esenciales.
Hay evidencia fisiológica en el "acto". La escritura puede reducir la tensión arterial e incrementa el nivel de linfocitos circulantes en el torrente sanguíneo; es decir que aumentan las células responsables de la respuesta inmunitaria. 

En 1999, un estudio de la Revista de la Asociación Médica Americana, de EE.UU., fue el primero en examinar los efectos de la escritura en enfermos. Los investigadores encontraron que los pacientes con asma que habían escrito sobre experiencias tales como accidentes automovilísticos, abuso físico, divorcio o sexualidad habían logrado mejorar su función pulmonar en promedio en un 19 por ciento. Por otra parte, en pacientes con artritis reumatoidea los síntomas mejoraron en un 28 por ciento. 

En la "producción", en materia psicológica, la escritura fuerza al hombre a romper con la tormenta de pensamientos ocultos y recurrentes y lo ayuda a concretar lo que siente. Al conocer, disminuye la incertidumbre, toma conciencia, descubre, libera, comienza a sanar. 

¿Qué escribió el hombre de la película? Sólo él lo sabe. Tal vez necesite compartirlo; tal vez no. ¿Cuál sería el argumento de la película que hoy escribiríamos cada uno de nosotros? 

En primera persona

Mónica Bruder tuvo la suerte de estudiar y trabajar con James Pennebaker, profesor en la Universidad de Texas y pionero en este campo de estudio; él desarrolló con sus colaboradores distintas técnicas de escritura terapéutica que se vienen utilizando en la investigación clínica. 

Pennebaker propone escribir, en primera persona, la situación más traumática que nos haya tocado vivir. Así, comienza la catarsis, el desahogo. 

Pennebaker comparte con cientos de profesionales de la salud que "la descarga de las emociones mediante los gritos, el llanto, la risa u otros medios puede mejorar de manera permanente la salud psicológica y física. Es importante que los individuos expresen libremente sus emociones. Guardarse de manera activa los sentimientos puede ser estresante". 

"La muerte de un ser querido, el divorcio, la pérdida de trabajo, las enfermedades terminales y otras crónicas, como el asma y la diabetes, suelen ser los eventos traumáticos más recurrentes en la clínica", detalla Bruder. 

Cada día, más escuelas de salud mental coinciden con la idea de que una enfermedad física guarda estrecha relación con lo psicológico. Es en este escenario donde la por entonces cuestionada pareja "cuerpo-mente" parece coincidir en un baile armonioso al compás del lápiz. "Con la escritura terapéutica regulamos los procesos mentales, avivamos la actividad creativa y se amplían las posibilidades de hacer productiva la actividad neuronal", señala Bruder. Con las neuronas trabajando a favor del bienestar, el cerebro le ofrece al organismo la energía necesaria para sobrevivir. 

La propia Mónica Bruder vivió en carne propia la experiencia más simple y sorpresiva: "Tenía que dar una conferencia en un hospital. Era inevitable que me encontrase en el lugar con alguien con quien estaba profundamente enojada después de una situación límite. Me broté. Faltaban horas para la conferencia y el sarpullido era algo cada vez más rojo e insoportable. Empecé a escribir en papelitos todo lo que no le debería haber dicho a quien provocó mi alergia. A la mañana siguiente, ya no había comezón ni rastros". 

Confesiones a la carta

Así como hoy podemos jugar con la idea de que todo empezó en las cavernas, se registra que desde el Renacimiento muchas personas tomaron el hábito de escribir diarios personales, cartas de amor, experiencias reales o imaginarias. Sin embargo, recién en los últimos 20 años los expertos han comprobado que las personas que escriben acerca de sus experiencias más dolorosas no sólo se sienten mejor, sino que visitan al doctor con menos frecuencia e incluso tienen respuestas inmunológicas más fuertes. Escribir en primera persona parece ser el acto más puro de escritura terapéutica. 

Diarios íntimos que devinieron en blogs. Cartas que hoy viajan en e-mails. Libros, autobiografías que siguen apareciendo como ofertas de autoayuda tanto para quien las escribe como para quien las lee. 

Los seres humanos han sido capaces de producir grandes obras literarias en momentos conflictivos de su vida. La mayoría de los escritores de profesión, y también los aficionados, parten de sus propias experiencias traumáticas o dolorosas. 

Imre Kertész, premio Nobel de Literatura 2002, y sobreviviente de los campos nazis, declaró -en un artículo publicado en LA NACION- cuando obtuvo su premio máximo: "No poseo otra identidad que el escribir. La escritura nos permite tomar conciencia de que no tenemos que ver con nosotros mismos. El hombre actual tiende a olvidar".
Todos conocemos el valor de la obra de Ana Frank. Los diarios íntimos de aquella adolescente judía, víctima del régimen nazi, que vivió escondida con su familia y otras personas en la parte trasera de una oficina. "Por eso, al final siempre vuelvo a mi diario: es mi punto de partida y mi destino (...) Le prometeré que, a pesar de todo, perseveraré, que me abriré mi propio camino y me tragaré mis lágrimas", escribió en una de sus páginas. 

Claro está que la escritura es una herramienta perfecta para las almas con intenciones de resiliencia. Así como los relatos durante y después del Holocausto, los argentinos debemos hacernos cargo de tantos escritos terapéuticos que dejaron muchos sobrevivientes y tantos muertos durante el Proceso militar. 

La memoria es otro efecto positivo y fundamental de la escritura terapéutica. Quien escribe adquiere y recuerda información. Cuando uno escribe permite que esa información permanezca viva y latente. 

"La mía es una vida de mierda. En realidad, yo escribo porque si no estaría en el Moyano. En una silla. Hamacándome", decía quien perdió a su madre en un accidente cuando tenía sólo 8 años. Creció enojada por haber perdido el arrope más seguro. Cuando tenía 20, nació su hija Verónica. Desde ese día, empezó a escribir un libro que, seis años después, la haría famosa. 

"Que me tenga, que me tenga mucho. Que se llene de mí. Que me respire. Que me toque. Que me obligue a quererla con toda mi alma y mi cuerpo también. Que me diga «mamita no te vayas». Que me lo diga para que yo me quede", escribió Poldy Bird en Cuentos para Verónica, el segundo libro más vendido después del Martín Fierro.
Poldy quedó viuda a los 36 años. Los libros que siguió escribiendo la mantuvieron en pie. En octubre de 2008, Verónica murió en forma súbita. Fue un ataque cerebral. Entonces Poldy escribió: "Todo lo alumbra su nombre. Porque ella usaba zapatitos de charol con medias blancas..."

La vida es cuento

Así como Pennebaker propone escribir en primera persona para superar situaciones traumáticas y alcanzar el bienestar psicológico, la doctora Mónica Bruder propone dar un paso más allá. Escribir un cuento con final feliz puede convertirse en una receta terapéutica más creativa, más beneficiosa. 

"Se entiende por cuento terapéutico todo cuento escrito por un sujeto a partir de la situación traumática más dolorosa que haya vivido y cuyo conflicto concluye con final «feliz» o positivo; la situación traumática vivida en el pasado se resuelve positivamente en el cuento", define Bruder. 

En todo cuento terapéutico hay un conflicto que se resuelve. La escritura de un cuento terapéutico puede ser comparada con las etapas de un tratamiento psicológico. Cuando uno busca ayuda terapéutica tiene un motivo de consulta, se establece un camino para enfrentar el conflicto y se llega o se debería llegar a una elaboración de esa "cuestión o inquietud" que nos llevó a la terapia. Cuando se escribe un cuento terapéutico hay una introducción, un conflicto, una resolución. 

"Los personajes del cuento representan al autor de dicho cuento -explica Bruder-. Los diferentes personajes son los distintos aspectos de ese Yo que escribe. Este juego de persona/personaje ayudaría a provocar este cambio en el bienestar de los sujetos." 

Cuando se escribe en tercera persona, suelen aparecer temas que nunca pudieron ser abordados con anterioridad por quien escribe. Poner el nudo del conflicto en la ropa de otro personaje no es lo mismo que cargar con ese traje gris y pesado. 

"El conflicto que se resuelve en el cuento terapéutico se presenta como una fotografía, como una condensación de lo vivido traumáticamente por el sujeto y que termina finalmente", asegura Bruder, quien está convencida de que "el cuento terapéutico es afecto". 

"Al señalar que el cuento es afecto -explica-, se incluyen tanto los afectos positivos como los negativos. Siguiendo las líneas de investigación actuales de la psicología salugénica, centrada en la salud y no en la enfermedad, se considera que el final feliz o positivo le permite al sujeto creador de ese cuento conectarse con los aspectos más saludables de su persona." 

¿Qué película escribiríamos hoy sobre nuestra vida? ¿Qué cuento? ¿Qué blog, qué diario, qué frase, qué idea? Lápiz y papel siempre a mano. Una palabra escrita puede bastar para sanarnos.

 
Con letra de molde


  • A los pocos meses de casarse, Paula, la hija de la escritora Isabel Allende, ingresó de urgencia en el Hospital Clínico de Madrid en estado de coma irreversible. Su madre vivió el calvario junto a ella. Allende escribió la novela Paula para liberar su eterno dolor, sus angustias y sus miedos: "Escucha, mamá [...]. Vengo a pedirte ayuda..., quiero morir y no puedo. [...] estoy atrapada. En mi cama sólo está mi cuerpo sufriente desintegrándose día a día [...] pero nadie me escucha. Estoy muy cansada. ¿Por qué todo esto?"


  • "Escribir me dio la calma, la fortaleza que me salvó de la locura", confiesa la actriz María Valenzuela. En 2003, su hija Malena, entonces con 19 años, sufrió un aneurisma cerebral que la llevó a vivir 13 días en un preocupante coma farmacológico. "Sabía que Malena iba a despertar en algún momento -cuenta Valenzuela-, y ella tenía que saber todo lo que estaba pasando. No quería que en su historia quedara un agujero negro. No quería que la memoria frágil nos traicionara y que tantas cosas que vivimos quedasen en el olvido. Estaba escribiendo para mi princesa."


  • La entrevista a Poldy Bird publicada por LN R el 28 de octubre pasado permite coronar esta idea de "escribir para salvar vidas". "Escribía todo lo que iba pasando -recuerda-. Mi cuaderno y yo íbamos juntos a todas partes. Escribía (...) hasta en el baño, que era el único lugar donde me permitía escribir y llorar al mismo tiempo. Cuando lograba dormir, guardaba el cuaderno bajo el colchón, escondido como un tesoro."
Consejos prácticos para escribir
Cualquier momento es válido para volcar sobre el papel esa idea o sentimiento que nos da vueltas en la cabeza y en el resto del cuerpo. No hay contraindicaciones, pero los que necesitan sugerencias para una práctica más precisa y terapéutica, tomen nota:


  • Encuentre un espacio y tiempo para escribir sin interrupciones.


  • Prométase escribir un mínimo de 15 minutos diarios, por lo menos durante 3 o 4 días seguidos.


  • Una vez que empezó, escriba continuamente, sin preocuparse por gramática u ortografía. Si se le acaban los temas, repita lo que ya escribió.
Escriba acerca de:


  • Temas en los que está pensando mucho, o que le preocupan.


  • Cosas con las que sueña.


  • Cuestiones que están afectando su vida de modo no saludable.


  • Temas que ha venido evitando por días, meses o años.


  • Escriba con absoluta honestidad.
Para ello, conviene planear deshacerse de lo escrito al terminar. Luego se verá: puede guardarlo, editarlo, borrarlo, quemarlo, romperlo o comerlo (no recomendado).
 
(Extraído de: Pennebaker, James W., Writing and Health: Some Practical Advice) 


Eduardo Chaktoura nació en Buenos Aires, Argentina, el 29 de junio de 1971. Es Licenciado en Periodismo y Productor de Televisión. Cursa las últimas materias de la Licenciatura en Psicología.
Eduardo tiene 15 años de experiencia profesional en los medios de comunicación de Argentina. En 1997, realizó curso de Especialización y Reportajes y Documentales en TVE (Madrid, España). En 1999, Editorial Planeta publicó su primera obra, "El siglo pasado". Trabaja en su próximo libro y en nuevos proyectos para internet, radio y televisión. 

 
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